Uruguay se convirtió el miércoles en el segundo país en América Latina después de Cuba en permitir el aborto, tras la aprobación por el Senado de la despenalización de la práctica en las primeras 12 semanas de gestación.

La ley, aprobada por 17 votos a favor y 14 en contra, pone fin a un intenso debate. Todos los senadores del oficialista Frente Amplio de izquierda votaron a favor del proyecto, al que se sumó un opositor, Jorge Saravia del Partido Nacional de centroderecha. El presidente José Mujica ha dicho que la promulgará.

"Bien, ha quedado aprobado el proyecto", declaró el vicepresidente Danilo Astori, titular del Senado, dando fin a la votación, ante lo cual una decena de mujeres de un grupo favorable al aborto que estaba en el sector del público aplaudió y vitoreó el resultado.

"Es un gran paso. No es que le estemos dando un derecho a la mujer. La mujer se lo toma, y no le pregunta al estado si se lo dio, la mujer cuando decide abortar lo hace", había dicho el senador oficialista Rafael Michelini al justificar su voto a favor.

"Este proyecto atenta contra la vida y por lo tanto hemos votado en contra, y si accedemos al gobierno en las elecciones de 2014 buscaremos su derogación", dijo el senador Jorge Larrañaga, uno de los líderes del Partido Nacional, a The Associated Press luego de la votación.

Varios senadores mencionaron durante sus discursos de fundamentación de voto que se iba a lanzar una "propuesta de plebiscito" sobre la ley.

La senadora y primera dama Lucía Topolansky dijo al votar que le parecía "bien" que la ley fuera plebiscitada, afirmando estar "segura" de que los uruguayos la confirmarían.

Según recientes sondeos, la mayoría de la población está a favor de despenalizar el aborto.

"La votación fue la esperada, es un paso extraordinariamente importante. Es una ley que cumple con el programa del Frente Amplio. Pero además creo que este es un tema de democracia directa, por lo que sería muy importante que el país fijara posición en un referéndum", dijo por su parte el senador oficialista Alberto Couriel a la AP.

A diferencia de su predecesor Tabaré Vázquez, un médico que vetó una ley similar, Mujica ha dicho que no se opondrá a una ley que dicte el Parlamento representativo de la sociedad uruguaya.

La ley despenaliza los abortos pero exige que las mujeres justifiquen su decisión frente a un panel de expertos y que esperen por lo menos cinco días antes de confirmar que quieren continuar con el procedimiento.

La justicia no tendrá intervención excepto en casos de menores, que deberán recibir el aval de un juez, con o sin el permiso de sus padres.

Pasadas las 12 semanas de gestación, la ley también despenaliza los abortos cuando la vida de la madre esté en riesgo o el feto sufra patologías graves y hasta las 14 semanas en el caso de embarazo producto de una violación.

Cuba ha sido hasta ahora el único país de América Latina donde las mujeres tienen acceso al aborto durante el primer trimestre de embarazo.

Durante y después de la votación, los alrededores del Congreso estaban vacíos, sin manifestaciones a favor ni en contra de la ley salvo algunas leyendas contra el aborto pintadas sobre las veredas aledañas.

María José Del Campo, ingeniera química de 37 años, activista del grupo "Espacio Joven Vida Más" que asistió desde el sector del público a la discusión de la ley, dijo a la AP que "el aborto mata a una persona, el niño, y deja a la mujer totalmente dañada".

"Se identifica al problema en el niño, cuando el verdadero problema es darle apoyo y alternativas a esa mujer que quedó embarazada. Es verdad que van a seguir existiendo abortos, sea o no legal hacerlo, pero hay que trabajar para que existan menos, ofreciendo alternativas", agregó.

Mientras, Romina Napiloti, una socióloga de 27 años integrante de la organización "Pro derechos", a favor de la legalización, dijo a la AP que esta ley es "de término medio, una solución muy a la uruguaya para un problema como el aborto".

"Este proyecto es una señal política hacia el Uruguay más conservador, y un paso más para evitar la hipocresía", agregó. "Es insuficiente, pero marca un mojón en una lucha a largo plazo que recién empieza. A partir de ahora va a haber que monitorear su aplicación, y lograr que se aplique en todos los hospitales", dijo.