La Comisión Europea (CE) propuso hoy limitar el uso de biocombustibles producidos a partir de cultivos por el impacto que tienen en el medio ambiente y porque provocan un aumento de los precios de los alimentos, una iniciativa que los ecologistas consideran insuficiente.

"La propuesta no es perfecta, pero es muy importante que nos aseguremos de que, en el futuro, los biocombustibles serán más sostenibles", señaló hoy la comisaria de Acción por el Clima, Connie Hedegaard, en conferencia de prensa.

El objetivo de la iniciativa es fomentar el desarrollo de biocombustibles alternativos a partir de materia prima no alimentaria, como desechos o paja, que emitan menos gases de efecto invernadero que los combustibles fósiles y que no interfieren en la producción de alimentos.

La Unión Europea (UE) se marcó el objetivo de que en 2020 el 10 % de los combustibles que se usen para el transporte procederán de fuentes renovables, lo que supone recurrir a los biocarburantes.

La propuesta de la Comisión establece que solo la mitad de ese 10 % proceda de biocombustibles de cultivos (como el maíz, el trigo, la remolacha o la colza, entre otros), mientras que el restante 5 % deberá ser cubierto con biocarburantes de segunda generación, es decir, los fabricados a partir de residuos y mediante otras fuentes alternativas.

El objetivo es reducir el impacto medioambiental que tienen los biocombustibles hechos con cultivos, ya que su producción provoca la desaparición de superficies forestales o agrícolas, con lo que se favorece el cambio climático.

La propuesta comunitaria tiene en cuenta el efecto de la reconversión de tierras -el llamado "uso indirecto de la tierra"- de modo que se calculará su impacto en relación al aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.

La CE también plantea incrementar al 60 % el umbral mínimo de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de las nuevas instalaciones de producción de biocombustibles.

Todas estas medidas son, a juicio del comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, una "puerta abierta" para los biocombustibles alternativos.

Hedegaard, por su parte, negó que la propuesta vaya a "matar" a la industria de los biocombustibles, ya que ofrece incentivos al sector para renovarse.

Los grupos ecologistas dieron la bienvenida a estas medidas, que ahora tienen que ser negociadas con el Parlamento Europeo y con los Veintisiete, aunque las criticaron por insuficientes.

Greenpeace consideró que la iniciativa "hará poco para solucionar el problema", ya que permitirá que se sigan usando biocombustibles altamente contaminantes, mientras que el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por su sigla en inglés) la calificó de "medida a medias" por no calcular de una manera más exhaustiva el impacto medioambiental de esta fuente de energía.

Otras organizaciones como "Amigos de la Tierra UE" instó a la Comisión a "poner fin a esta locura de la quema de alimentos", una posición compartida por otras ONG como ActionAid, Oxfam y la alianza internacional de agencias católicas para el desarrollo (CISJE), que abogaron por la prohibición total de los biocombustibles originarios de cultivos.

Por su parte, la ONG Transport & Environment recalcó que la industria del biocombustible podrá mantener los empleos y rentabilizar las inversiones realizadas si se reconvierten.