De menos a más, así ha prosperado el concierto -o faena, por las características del recinto- que Wilco ha ofrecido esta noche en la plaza de toros del Palacio Vistalegre de Madrid en otra velada triunfal para la banda de Jeff Tweedy, quien se ha mostrado sorprendentemente jovial e incluso bromista.

"¿Quién es el toro, vosotros o nosotros? Yo creo que nosotros", ha preguntado el músico a su audiencia, compuesta por unas 3.000 personas -según la promotora- que han renunciado al partido de fútbol entre España y Francia para disfrutar, apenas un año después de su última visita a la capital, de su participación en el ciclo "Los Conciertos Sublimes" durante dos horas largas.

Ha sido antes de recalar en Sevilla y Murcia y tras pasar por Bilbao y el Teatro del Liceu de Barcelona, un escenario imponente, lo que quizás ha influido en la actitud más relajada hoy de este grupo de rock alternativo, que ha ofrecido una selección de sus ocho discos, incluido el último, "The Whole Love" (2011).

Cabe destacar una vez más la vibrante actuación del guitarrista Nels Cline parapetando a Tweedy junto al bajista John Stirrat. Él ha encarnado la vena más brava de esta ganadería hasta reclamar un protagonismo inapelable con sus virtuosos solos en temas como "Impossible Germany".

Esa canción ha marcado un antes y un después en el devenir del concierto, que ha arrancado bajo el pulso lánguido de "Ashes of american flags" y "Art of Almost", en la que se solapa una doble faceta orgánica y plástica.

Quizás por controlar la resbaladiza acústica de Vistalegre o por aumentar esa sensación de cercanía que ha llevado a los organizadores a tapar prácticamente todo el graderío de la plaza, el sonido era a estas alturas más que aceptable, pero bajo de potencia, lo que permitía incluso la charla entre los asistentes.

Ha sido la etapa de la complacencia, la de las cabezas meciéndose levemente en señal de aprobación, como el sibarita que disfruta ceremoniosamente de un vino que esporádicamente ofrece fogonazos súbitos y achispa, pero no embriaga, hasta que "Impossible Germany" y el relampagueante Cline a las cuerdas han sacado al público de ese trance.

El fuego ha seguido prendido con "Born Alone" y después ha comenzado una fase marcada por las melodías más lúdicas, optimistas y accesibles de su producción, como "Capitol city", con un Tweedy tan increíblemente jovial y dicharachero que se ha permitido cruzar varias bromas con el público a propósito de sus peticiones.

"¿Alguien más tiene algo que decirme? Escribidnos y mandárnoslo, lo leeremos", ha dicho irónico el vocalista, siempre tocado por su inseparable sombrero.

La energía del concierto, que ha subido progresivamente, se ha desatado del todo con la doble tanda de bises, especialmente con la incomparable y peculiar "Via Chicago", epítome de los ejercicios más experimentales y eruditos de Wilco.

En ella, una preciosa melodía se ve enmascarada por una capa de caótica distorsión eléctrica que desaparece tan fugazmente como aparece, para que fluyan de nuevo las notas más amables como si nada.

El público, entregado al juego de este ejercicio, ha celebrado con aplausos la capacidad de Tweedy para mantener el tiempo y la cadencia principal sin dejarse arrastrar por ese marasmo, y ha continuado disfrutando después de otros clásicos como "Jesus Etc".

De ahí al final, con el concierto convertido en una fiesta, podría señalarse la querencia soul de "Hate it here", con el que Tweedy ha demostrado que su color vocal se adapta perfectamente a estas coordinadas más cálidas y menos puntillosas, dejando a todos con ganas de más.