Cinco prisioneros de Guantánamo acusados de cooperar en los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos regresaron el lunes ante un tribunal militar y se abstuvieron de protestar como lo hicieron en su última aparición, en un acto que se convirtió un indisciplinado espectáculo de 13 horas.

Pero la aparente cooperación de Jalid Sheij Mohamed, a quien se acusa de ser el autor intelectual del peor ataque terrorista en suelo estadounidense, y de cuatro acusados más, hizo poco por acelerar el proceso judicial que se ha estancado por años en un laberinto legal y político.

Fiscales y abogados pasaron horas discutiendo el más preliminar de los temas, incluso el de si los acusados tenían que estar siquiera presentes en la corte, e incluso uno de los abogados dijo que las audiencias podrían sacar a relucir malos recuerdos del duro trato que recibieron cuando estuvieron detenidos por la CIA.

"Nuestros clientes tal vez crean que... no quiero ser sujeto a este procedimiento que me trae aquí, que trae recuerdos y emociones de cosas que me sucedieron", dijo Jim Harrington, representante de Ramzi Binalshibh, acusado de dar apoyo a los terroristas que estrellaron los aviones contra el World Trade Center, el Pentágono y en un campo de cultivo en Pensilvania en 2001.

Los cinco se sentaron tranquilamente en la mesa de la defensa bajo la mirada vigilante de los guardias militares y varios familiares de las víctimas del ataque en la base militar estadounidense que está en Cuba. Mohamed, con su barba teñida de color rojizo con alheña, leía tranquilamente documentos legales. Otros dos respondieron educadamente cuando el juez respondió.

Todos parecían cooperar con sus abogados en una corte especialmente diseñada que permite al gobierno amortiguar los sonidos para que los espectadores que están detrás de un cristal no escuchen información confidencial.