La Policía allanó el lunes tres escuelas de profesores ocupadas por estudiantes en protesta en el estado de Michoacán, en el occidente del país, y recuperó decenas de autobuses secuestrados desde hace una semana en protesta por cambios en el plan de estudios.

Los manifestantes lanzaron piedras y explosivos de fabricación casera a los policías y quemaron decenas de autobuses y vehículos comerciales cuando las autoridades se movilizaban para detener a los ocupantes. Los operativos de la Policía sugieren que la paciencia del gobierno se está agotando ante las frecuentes ocupaciones, cada vez más violentas.

En semanas recientes, cientos de estudiantes y otros dos campus ocupados en México se han enfrentado a los manifestantes para liberar a las universidades de la ocupación.

La confrontación en los colegios para maestros comenzó hace una semana cuando los estudiantes secuestraron autobuses y vehículos comerciales para protestar por los cambios en el plan de estudios que les exigiría tomar clases de inglés y computación. Los manifestantes argumentan que las escuelas de normalistas son para preparar a los profesores de áreas rurales donde las habilidades básicas son una mayor prioridad.

El

gobierno del estado de Michoacán confirmó las redadas e indicó que decenas de transportes y camiones fueron recuperados.

Elina Ambriz, de la oficina de prensa del estado, informó que recuperaron uno de tres colegios de profesores sin incidentes. Pero el secretario de gobierno estatal, Jesús Reyna, dijo que 120 estudiantes fueron detenidos en otro de los operativos, y la televisión local ha mostrado escenas con camiones en llamas y policías enfrentándose a estudiantes encapuchados.

Fue la más reciente de una ronda de golpes contra colegios tomados, que por mucho tiempo han sido tolerados en México debido a que las autoridades se resisten a interferir. La Policía no entra a los colegios por el concepto de la autonomía universitaria y porque sigue presente el desagradable recuerdo de las masacres estudiantiles de 1968 y 1971.

Pero a medida que los ciudadanos de a pie y los demás estudiantes se ven afectados por las tomas, la Policía e incluso los mismos estudiantes han comenzado a actuar.

Este mes, unos 100 estudiantes se enfrentaron brevemente con compañeros que tomaron las instalaciones de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, pero no lograron recuperarla. Ahora ambas partes están en negociaciones para que concluya la toma de la escuela.

"Actualmente estamos en clases en carpas improvisadas, en el deportivo al lado de la universidad, y allí las condiciones son deplorables, llueve y se inunda", dijo Gustavo Martiñón, estudiante de comunicación y cultura, de 23 años. "Los estudiantes de ingeniería necesitan las computadoras y los laboratorios, y no los tienen; nosotros necesitamos grabar en radio y en video, y los equipos no los tenemos, entonces, es realmente lamentable lo que estamos viviendo."

"Este ya no es un movimiento estudiantil, los estudiantes nos quedamos en medio", agregó.

El paro en la universidad de la capital fue convocado contra la rectora que intentó acabar con la ineficiencia y las bajas tasas de graduación, ya que sólo unas pocas decenas de los casi 15.000 estudiantes del campus en realidad se han graduado en los 11 años desde que fue abierta la universidad.

Los ciudadanos ajenos también se han visto afectados por los estudiantes que cierran calles. Muchos batallan para graduarse, trabajan medio tiempo para financiar sus estudios y enfrentan un difícil mercado laboral. Algunos temen no ser contratados por provenir de universidades con historial de paros, huelgas y confrontaciones.

"Cuando salí a buscar trabajo lo primero que me dijeron fue 'de dónde vienes' de la universidad michoacana pues híjole, ahorita no hay vacantes", dijo Erika Garduño, graduada de ciencias, de 31 años. "Es la primera respuesta que hay a veces cuando decimos que venimos de la michoacana, lo relacionan a uno con gente problemática, con gente parista y no es así", agregó Garduño.