El Gobierno portugués entregó hoy al Parlamento su propuesta de Presupuestos para 2013, que incluye un agravamiento de los ajustes y de la carga impositiva para reducir el déficit público y no fallar los compromisos del rescate financiero.

Los severos cortes que plantea el Ejecutivo del primer ministro, Pedro Passos Coelho, están valorados en 5.300 millones de euros (cerca del 5,5 % del PIB luso), de los cuales el 80 % proceden de los ingresos públicos, principalmente por el aumento de la presión fiscal, y el restante 20 % del lado del gasto estatal.

Sólo con el incremento de los impuestos, calificado hoy por el ministro de Finanzas luso, Vítor Gaspar, de "muy significativo", el Ejecutivo espera recaudar 4.300 millones de euros, de los que más de 2.800 millones procederán de la subida de las tasas sobre la renta.

El gasto público se reducirá finalmente en 1.026 millones de euros a través de la supresión de interinos, la reducción de las plantillas en algunas empresas públicas y cortes en las prestaciones, que compensarán la reposición de uno de los dos subsidios retirados a funcionarios y pensionistas en 2012.

También bajará el precio pagado por hora extra trabajada en el sector público y se recortará el subsidio que cobran desempleados y enfermos.

"Tenemos un margen de maniobra muy escaso", argumentó hoy el ministro de Finanzas durante la presentación de esta propuesta de Presupuestos, e insistió en que Portugal es un país intervenido por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que, por ello, ha visto reducida su autonomía.

El documento elaborado por el Ejecutivo pasará en las próximas semanas por el Parlamento para ser discutido, aunque su aprobación se da por segura debido a la mayoría absoluta con la que cuenta la alianza entre los conservadores socialdemócratas (PSD) y democristianos (CDS-PP).

"Cuestionar el presupuesto es cuestionar el propio proceso de ajuste", recalcó Gaspar, quien defendió que el plan del Gobierno es la única alternativa posible dadas las conclusiones de la última visita trimestral al país realizada el pasado mes de septiembre por la misión de la UE, el FMI y el Banco Central Europeo.

La troika alabó entonces los esfuerzos de Portugal a la hora de aplicar el programa de ajustes y reformas acordado a cambio de su rescate financiero de 78.000 millones de euros y aceptó, por este motivo, flexibilizar sus metas de reducción del déficit, que pasaron del 4,5 al 5 % del PIB en 2012 y del 3 al 4,5 % del PIB en 2013.

La oposición de izquierdas y los principales sindicatos lusos ya censuraron los presupuestos del Gobierno, al que acusan de perjudicar a la clase media y baja con el aumento de la carga fiscal.

Además, advertieron del riesgo de entrar con estas medidas en una "espiral de recesión" en un país cuyo PIB se espera que caiga cerca del 3 % en 2012 y cuya tasa de desempleo repuntará hasta el 16 %.

Incluso tres de los cuatro jefes de Estado que ha tenido Portugal desde la instauración de la democracia en 1974 (los socialistas Mário Soares y Jorge Sampaio, así como el conservador Aníbal Cavaco Silva) ya han alzado la voz para mostrar su oposición a nuevos recortes.

Precisamente, el actual presidente luso, Cavaco Silva -histórico dirigente del ahora gobernante Partido Social Demócrata-, hizo ayer una velada referencia a la situación de Portugal al considerar incorrecto "exigir a un país en proceso de ajuste presupuestario que cumpla a todo coste con sus objetivos de déficit".

A estas críticas se suman las continuas protestas ciudadanas celebradas prácticamente a diario por todo el país y que adquirieron especial envergadura el pasado 15 de septiembre, cuando más de 600.000 portugueses exigieron poner fin a la austeridad.

Hoy mismo, cientos de manifestantes participaron en una iniciativa pacífica para "rodear el Parlamento" en Lisboa, inspirada por la ocurrida a finales de septiembre en la capital de España y que obligó a cortar al tráfico las calles adyacentes.

Hasta el momento, no se registraron episodios de especial tensión que incluyan heridos o detenidos.