La política de austeridad y recortes podrían costarle la derrota al partido gobernante en Lituania en las elecciones parlamentarias de hoy, lo que retrasaría además la entrada del país báltico en la zona del euro.

"El problema de los conservadores es que hasta ahora han sido incapaces de explicar la necesidad de esas medidas. Ni siquiera el crecimiento económico de los últimos años les ha ayudado", afirmó el analista Tomas Yaneliunas.

El Ejecutivo de Andrius Kubilius, el primero en la historia desde la independencia del país de la Unión Soviética que concluye su mandato de cuatro años, logró frenar la recesión tras dos años de profunda crisis.

De hecho, la economía lituana creció un 5,8 por ciento en 2011, el mayor indicador de los Veintisiete, y un 3 por ciento en el primer semestre.

No obstante, esto no es suficiente para los habitantes de este país, miembro de la Unión Europea desde 2004, que están hartos de vivir una economía de guerra, con bajos salarios y altos impuestos.

El desempleo ronda el 13 por ciento y uno de cada cinco lituanos vive por debajo del umbral de la pobreza, por lo que muchos habitantes de este país de mayoría católica se han visto obligados a emigrar.

Según las encuestas, el descontento con Kubilius es muy alto y menos de un 8 por ciento de los votantes está dispuesto a apoyar a su partido, Unión por la Patria (UP).

Mientras, los liberales, sus aliados, a duras penas accederían al arco parlamentario, para lo que es necesario superar el 5 por ciento de votos.

Poco importa que la presidenta y antigua comisaria europea, Dalia Grybauskaite, alabara este mismo jueves la gestión gubernamental durante una reunión con Kubilius.

En su opinión, la capacidad del Gobierno de llegar a acuerdos en tiempos difíciles ha garantizado la estabilidad económica, financiera y política del país.

Grybauskaite incluso describió como "histórica" la labor del actual Ejecutivo por evitar "la catástrofe financiera" en 2009.

Sea como sea, los socialdemócratas, cuyo líder es Alguirdas Butkiavicius, lideran todas las encuestas con entre un 16 y un 17 por ciento.

Butkiavicius, miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética durante la 'Perestroika' (1985-88), fue ministro de Finanzas (2004-05) y de Transporte (2006-08) durante el Gobierno socialdemócrata.

"Si al poder llegan los socialdemócratas la política económica se suavizará, como ha ocurrido en Francia", asegura el politólogo Alguis Krupavicius.

En caso de victoria, los socialdemócratas han acordado pactar con el Partido del Trabajo (PT), segundo en las encuestas con un 15 por ciento de apoyo.

Esa coalición es la más natural, ya que ambas formaciones defienden ideas de izquierda, aunque en el pasado han tenido dificultades para ponerse de acuerdo en la gestión de la economía.

Butkiavicius ya ha advertido de que en caso de que asuma la jefatura del Gobierno podría retrasar la entrada en la Eurozona, que Kubilius tenía prevista para 2014.

A ese hipotético pacto se sumaría probablemente también Orden y Justicia, partido encabezado por el expresidente Rolandas Paksas, y que figura en tercer lugar en los sondeos con cerca del 10 por ciento.

Las encuestas demuestran que el descontento popular está dirigido más contra Kubilius que contra su partido, ya que otra dirigente conservadora, Irena Degutene, es una de las preferidas por los lituanos para el cargo de primer ministro.

Una de las llaves de la gobernabilidad podrían tenerlo los partidos minoritarios, como la formación "La Vía de la Valentía", fundado recientemente y que defiende un ideario abiertamente populista.

El domingo más de 2,5 millones de lituanos están llamados a las urnas para elegir al Seima (Legislativo) que está formado por 141 diputados, de los que 70 se eligen por listas de partidos y el resto por circunscripciones.

Coincidiendo con las elecciones, los lituanos podrán votar en un referéndum consultivo sobre la construcción en Lituania de una central nuclear (Visaguinas), que sustituirá a la de Ignalina, clausurada de acuerdo con la UE hace dos años.

Lo más probable es que el plebiscito sea declarado nulo, ya que en dos consultas anteriores similares la participación no rebasó el 50 por ciento exigido por la ley.

Según los expertos, independientemente del referéndum el próximo Gobierno podría dar el visto bueno al proyecto conjunto con Letonia y Estonia, crucial para reducir su dependencia energética de Rusia.