El sistema financiero fue hoy protagonista de varios seminarios que pusieron punto final a la cita anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en Tokio, donde se ha pedido a la eurozona que agilice sus acciones para frenar la crisis pero sin ahogar el crecimiento.

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, quien durante las reuniones de esta semana insistió en dar tiempo a los países más castigados para que asimilen sus programas de ajuste, puso hoy acento en que el sistema financiero global, cinco años después del estallido de la crisis, sigue en una situación inquietante.

En uno de los seminarios que sirvieron de epílogo a la asamblea, Lagarde advirtió de que muchos sistemas financieros dependen aún de unas pocas grandes entidades, y la "energía colectiva" para emprender reformas "se está diluyendo de forma preocupante".

Por contra, consideró que las acciones tomadas por el Banco de Japón, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo para dar estabilidad al sistema "van en la dirección correcta", e insistió en que tienen que ir acompañadas de políticas fiscales y estructurales.

También se pronuncio hoy en este sentido el presidente de la Reserva Federal de EEUU, Ben Bernanke, quien defendió las medidas de flexibilización para impulsar la recuperación de la primera economía mundial, un mes después de que el emisor estadounidense llevara a cabo una masiva inyección de liquidez.

En los días pasados se aludió en Tokio al impacto que este tipo de inyecciones en las economías avanzadas tiene sobre las emergentes (por el riesgo de que reciban grandes flujos de capital volátil), pero Bernanke aseguró hoy que el vínculo es menos estrecho "de lo que en ocasiones se dice".

Además, en una aparente alusión a China, el presidente de la Fed criticó a los reguladores de algunos mercados emergentes por mantener sus divisas artificialmente bajas a fin de promover sus exportaciones y el crecimiento doméstico.

La crisis en Europa se ha reflejado en una ralentización de las ventas de China al exterior, que a su vez afectan a otras regiones, entre ellas América Latina, exportadoras de materias primas.

La cuestión de la ralentización en los emergentes también ha tenido amplio espacio estos días en la asamblea de Tokio, la primera en la que ha participado como titular del Banco Mundial (BM) el estadounidense de origen coreano Kim Yong Jim, que asumió su puesto el pasado julio.

Pero si algo ha acaparado los debates ha sido la crisis en la eurozona y el ritmo de aplicación de las acciones para superarla: la mayoría coincide en que es necesario, por ejemplo, acelerar una unión bancaria, pero las opiniones difieren acerca del ritmo al que los países con problemas fiscales deben cumplir sus metas nominales.

Y en este contexto, pese al negro panorama de reducción del crecimiento global que dibujó el informe de perspectivas del FMI publicado al inicio de la reunión, varias han sido las voces que estos días han apuntado a un "optimismo cauto" o "menor pesimismo".

Entre ellas estuvo la del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, o el propio ministro español de Economía, Luis de Guindos, que aseguró que el ambiente hacia la deuda española es mejor ahora que hace tres meses.

Estos mensajes son un contrapunto a las advertencias del FMI, que dice que los riesgos de una desaceleración mundial son "alarmantemente altos", pese a lo cual de la cita de Tokio apenas han salido compromisos nuevos y tangibles para avanzar hacia la resolución de la crisis.

Tampoco se han dado nuevos pasos hacia la aplicación de la reforma del sistema de cuotas del FMI para dar más peso a los países emergentes, algo que ya era esperado por todos los miembros.

El Fondo está pendiente de que la reforma se presente en el Congreso de Estados Unidos (el país con mayor cuota de voto) y reciba su aprobación, posiblemente el próximo año, para que, tras una larga espera, el nuevo sistema entre por fin en vigor.