Dos formas distintas de encarar la crisis cerraron hoy la 39o edición de ModaLisboa, con un grupo de creadores que reflejó en sus diseños el rechazo a los problemas económicos y otro más "escapista", que recreó mundos oníricos y paradisíacos.

Esta última visión se manifestó visiblemente en la colección presentada por el portugués Vítor, que tras la visión de la muerte que dominó su anterior trabajo, finalizó su trilogía con un mundo idílico en el que dominaron los estampados de unicornio, gatos y arco iris, sobre prendas deportivas y "crochet".

En esta misma línea, Miguel Vieira prefirió viajar hacia el paraíso con el despliegue del colorido de Barbados o el Amazonas con tonos de sugerente nombre como "naranja sol" o "rosa cálido" que conjugó con "blancos nieve", "negros caviar" o "arena del Sáhara".

Ricos "jacquards" florales y geométricos y lentejuelas hicieron de contraste con el algodón y la seda.

Mientras que sus figuras masculinas se enfundaron en trajes de corte sastre en donde también tuvieron cabida llamativas "blazers" o reducidos pantalones, la mujer vestida por Vieira utiliza sofisticados y ceñidos vestidos de corte lápiz frente a fluidos trajes, perfectos para una velada en la playa.

Con el mantenimiento de la tela vaquera como seña de identidad, la colección del dúo "Marques' Almeida" recordó por su parte al "grunge", aunque con influencias de finales de los años 90 y principios del siglo XXI.

Unas propuestas, ya presentadas en la semana de la moda de Londres, mezcla de feminidad y desdén gracias a piezas fluidas en tul, chifón o que redibujaban el más tosco vaquero, pero que mantienen una apariencia relajada gracias a los pantalones "cargo" bajo las faldas y túnicas que disimulan las formas de mujer.

Junto al "denim" en tono índigo, el lavanda y el blanco colorearon las salidas de sus diseños.

Dino Alves, por su parte, pretendió "proteger" a sus modelos con siluetas rígidas cubiertas por elementos livianos, como si de muebles cubiertos en casas cerradas se tratasen.

Un efecto logrado con el encuentro entre contundentes lamés brocados con sedas o satén, además de detalles de cuero cosidos en forma de volantes, fruncidos o nudos.

En el extremo contrario a este mundo más bien "color de rosa" se situó Nuno Gama, que sorprendió al vestir a sus modelos de camiseta blanca, con el lema "Yo quiero ser feliz" impreso en letras negras, y con una sonrisa invertida dibujada en sus bocas.

"Es mi forma de intentar transmitir que hay que luchar por nuestra felicidad" en un momento en el que Portugal atraviesa por difíciles momentos, explicó en declaraciones a medios lusos sobre su colección.

El resto de su trabajo, dirigido al público masculino, exhibió una visión también muy cercana a la Lisboa más marítima.

Partiendo de sofisticados trajes y desnudándolo hasta reducidos bañadores, Gama apostó por mezclar fibras naturales con tejidos tecnológicos, brillos y mates.

También desfiló hoy en el más importante certamen de moda lisboeta la mujer de Aleksandar Protic, una especie de heroína inspirada en la obra del dibujante Enki Bilal.

Por la pasarela presentó una guerrera de claroscuros, con cesiones al plata y dorado, que combinó prendas sueltas en sedas y lino de corte oriental con sandalias de tacón alto y cinturones "obi" de cuero.

A pesar de la aparición puntual del estampado, entre los 19 diseñadores que han desfilado en esta edición de ModaLisboa han dominado los colores sólidos.

Unas apuestas marcadas por las gamas pastel y algún flúor, con predominio de los rosas, corales, azules y verdes, unidos al blanco, y con el negro como omnipresente invitado a pesar de tratarse de las colecciones de primavera-verano.

Los diseñadores lusos también coincidieron en apostar por las superposiciones y por el contraste entre siluetas ceñidas frente a otros uniformes de mayor comodidad.

En el campo de la belleza los creadores optaron por pocas excentricidades durante estos cuatro días de desfiles, ya sea con los depurados moños de bailarina de Luis Buchino o la naturalidad de los cabellos sueltos con raya central de las mujeres de Pedro Pedro.

Estos peinados fueron acompañados con maquillajes igualmente discretos, aunque también hubo excepciones como los tocados y mascaras carnavalescas de Alexandra Moura, las plateadas caras de Ricardo Andrez o los tatuajes de Ricardo Dourado.