Las negociaciones entre el Gobierno colombiano y las FARC, que comenzarán en Oslo la próxima semana, suponen un nuevo reto para la diplomacia de la paz de Noruega, que en las últimas décadas se ha convertido en facilitador en una veintena de procesos de diálogo en todo el mundo.

La mediación entre israelíes y palestinos, que culminó en los acuerdos de Oslo en 1993, otorgó un lugar central en ese rol a Noruega, que no obstante ya estaba involucrada con anterioridad en otros procesos como los de Mali y Guatemala (1990-1996).

La apuesta noruega por las políticas de paz y de reconciliación es el resultado de una suma de varios factores, explica a Efe Petter Skauen, de la ONG Ayuda de la Iglesia Noruega y que ha desempeñado un papel destacado en varios procesos, sobre todo en las negociaciones entre el Gobierno y la guerrilla guatemalteca.

"Hay muchos noruegos que participan en representaciones de la ONU y en ONG. Noruega es además el país con más misioneros por habitante. Hay mucho trabajo, una política de compromiso y de labores humanitarias", afirma.

Noruega, que encabeza la lista del Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la ONU, "cuenta además con los medios económicos necesarios para apoyar procesos de paz", añade Skauen.

Las líneas esenciales de la política de la paz noruega fueron formuladas ya por Knut Frydenlund, ministro de Exteriores noruego (1973-81, 1986-87), y se han mantenido a grandes rasgos a pesar de los cambios de gobierno.

La voluntad de comprometerse a largo plazo en los procesos y de poner a disposición de las partes recursos económicos y humanos, la experiencia acumulada, la colaboración con las ONG y con la sociedad civil son rasgos centrales de la política de un país con tradición anterior a ese papel como facilitador de negociaciones.

Noruega acoge cada año la entrega del Nobel de la Paz, noruego fue el primer secretario general de la ONU, Trygve Lie (1946-1953), y en Oslo tienen su sede el Instituto para la Investigación sobre la Paz (PRIO), creado en 1959 y uno de los primeros de ese tipo en el mundo, y otros centros y foros similares que han ido surgiendo.

Tras los acuerdos de Oslo entre palestinos e israelíes, la diplomacia noruega se involucró, con resultado dispar, en la resolución de múltiples conflictos, como los de los Balcanes, Timor Este, Sri Lanka, Sudán, Nepal, Filipinas y también en las anteriores negociaciones entre Colombia y las FARC.

Noruega se ha concentrado en menos procesos en los últimos años, coincidiendo con la etapa de Jonas Gahr Støre al frente de Exteriores (2005-2012).

A la vez han aumentado las críticas internas por las contradicciones entre la apuesta por la paz y la política exterior del país o sus intereses petroleros.

Su activo papel en la operación militar de la OTAN en Afganistán y los bombardeos en Libia ponen en entredicho la imagen de Noruega como nación pacífica, algo que han cuestionado organismos como el PRIO.

"Es evidente que la credibilidad siempre va a ser problemática cuando hablamos de exportación de armas, de petróleo. Nos encontramos en una zona de peligro", afirma Skauen.

Las contradicciones de su política exterior no han sido un impedimento para que el Gobierno colombiano y las FARC hayan confiado en otorgarle a Noruega, junto con Cuba, un papel central en las nuevas negociaciones, lo que ha contribuido a dar visibilidad a la diplomacia noruega tras años con un trabajo menos vistoso.

Las inminentes conversaciones de paz en Oslo han generado una ola de moderado optimismo, tanto en las autoridades como en las organizaciones noruegas involucradas en el país sudamericano.

Así, Elisabeth Rasmussen, directora de Ayuda al Refugiado, presente en Colombia desde hace dos décadas, señaló en un seminario sobre el tema celebrado hace unos días en Oslo que puede ser "una oportunidad histórica" para la paz, aunque avisando de la importancia de tener "expectativas realistas".

Otros como Skauen se muestran en cambio mucho más pesimistas.

"Es muy negativo que la noticia de las negociaciones haya salido a la luz. Deberían ser secretas, porque los medios de comunicación pueden presionar. Son un elemento perturbador", afirma. Anxo Lamela