Mientras los republicanos intensifican sus críticas al vicepresidente Joe Biden por haber afirmado que no se informó al gobierno sobre los pedidos de medidas de seguridad adicionales en el consulado estadounidense en Bengazi, la secretaria de estado Hlliary Rodham Clinton afirmó el viernes que todavía no están en claro los detalles sobre el mortífero ataque del 11 de septiembre a esa sede diplomática en Libia.

Un mes después del ataque que mató al embajador estadounidense en Libia y a otros tres norteamericanos, Clinton dijo que el gobierno está decidido a descubrir la verdad sobre el hecho.

"Hay mucho que todavía no sabemos y soy la primera en decirlo", dijo a la prensa en el Departamento de Estado después de reunirse con el canciller italiano Giulio Terzi.

"Pero como alguien que ha estado en el foco de esta tragedia desde el comienzo, sé esto: no hay nadie en este gobierno motivado por ningún otro fin que el de comprender lo que sucedió", agregó. "Vamos a hacer todo lo que podamos para impedir que vuelva a ocurrir en cualquier sitio que sea y, por supuesto, como gobierno estamos haciendo lo que se necesita para rastrear a los responsables".

Clinton se aprestaba a hablar el mismo viernes ante un grupo de estudio en Washington en el que se esperaba justificara el emplazamiento de diplomáticos estadounidenses en lugares peligrosos.

Los republicanos han aprovechado el incidente como un indicio de debilidad en la política exterior del presidente Barack Obama y han criticado al gobierno por sugerir al principio que era reacción a una película producida en Estados Unidos que denigraba al islam. Esa explicación ha sido descartada ahora mientras crecen las evidencias de que se trató de un ataque terrorista bien organizado.

Los republicanos también han criticado al gobierno por rechazar varios pedidos de refuerzos de seguridad en el consulado en los meses previos al ataque, como también la afirmación de Joe Biden en el debate vicepresidencial del jueves de que "no se nos informó que querían más seguridad allí".

El miércoles, dos ex funcionarios de seguridad atestiguaron ante el Congreso que sus pedidos de refuerzos fueron desoídos o rechazados. Altos funcionarios del Departamento de Estado admitieron que fue así pero insistieron en que no había pruebas de que mayor seguridad habría impedido o mitigado el ataque.