El sargento del Ejército de EE.UU. Robert Bales, acusado de matar a 16 civiles afganos, comparecerá en una serie de audiencias en las que se decidirá si es juzgado por la justicia militar ordinaria o es sometido a un consejo de guerra.

El teniente coronel Gary Dangerfield informó hoy de que la primera audiencia se ha fijado provisionalmente para el 5 de noviembre en la base conjunta Lewis-McChord del Ejército y la Fuerza Aérea, al sur de Tacoma, en el estado de Washington (costa oeste).

Está previsto que en la audiencia comparezca Bales, que se encuentra detenido en la prisión militar de Fort Leavenworth (Kansas) así como testigos afganos que lo harán a través de videoconferencia desde la base Aérea de Kandahar (sur de Afganistán), donde servía el militar cuando se produjo la matanza.

Estas audiencias, que se espera que duren dos semanas, se realizarán bajo el Artículo 32 del Código Militar estadounidense, según el cual el tribunal considerará las pruebas que tiene contra Bales y decidirá si será sometido a un consejo de guerra.

Según explicó Dangerfield, las audiencias de la primera semana se realizarán de día, mientras que las de la segunda semana se harán de noche para que los testigos puedan declarar desde Afganistán en sus horas matinales.

El abogado defensor de Bales, John Henry Browne, indicó que viajará a Afganistán para interrogar a estos testigos, mientras que otros miembros del equipo de defensa se quedarán con su cliente en Lewis-McChord.

Bales, de 39 años, está acusado de 16 cargos de homicidio por la matanza perpetrada el 11 de marzo contra civiles de dos aldeas situadas a las afueras de la base en la que se encontraba en Afganistán, en la provincia de Kandahar, en el sur del país.

Browne ha apuntado en algunas de sus comparecencias públicas ante los medios de comunicación que su cliente puede que sufriera un trastorno de estrés postraumático debido a una contusión cerebral a la que se sometió en una de las tres misiones previas que cumplió en Irak.

No obstante, fuentes militares del Pentágono indicaron a Efe que el trastorno de estrés postraumático "en sí mismo" no tiene por qué ser un atenuante.