Un mes después del ataque al consulado de EE.UU. en Bengasi (Libia) quedan muchos cabos sueltos sobre lo que pasó y por qué, y los republicanos han aprovechado las explicaciones contradictorias del Gobierno para cuestionar la política exterior del presidente Barack Obama, su mayor fortaleza.

Ese ataque, ocurrido en coincidencia con el undécimo aniversario de los atentados terroristas del 11S, ha dejado en segundo plano a otras cuestiones de la política exterior estadounidense como el conflicto sirio, la guerra en Afganistán y el plan nuclear iraní, en medio de la recta final de la campaña para las elecciones presidenciales del 6 de noviembre.

"A día de hoy no tenemos una imagen completa, no tenemos todas las respuestas. Nadie en este Gobierno ha dicho nunca lo contrario", afirmó este viernes a periodistas la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton.

Además, recordó que sigue abierta la investigación para "tratar de entender lo que pasó" la noche del 11 de septiembre cuando hombres armados asaltaron el consulado en Bengasi y, horas después, aparecieron muertos el embajador estadounidense en Libia, Chris Stevens, el también diplomático Sean Smith y los exmilitares Tyrone Woods y Glen Doherty.

La primera hipótesis que defendió en público el Gobierno de Obama fue que el ataque había sido producto de las violentas protestas que se desataron en Libia y otros países árabes a raíz de un vídeo producido en EE.UU. que caricaturiza a Mahoma y al islam.

Esta semana, funcionarios de alto rango del Departamento de Estado sostuvieron que no hubo ningún tipo de protesta o manifestación a las afueras del consulado en Bengasi ese día.

De acuerdo con funcionarios militares y de los servicios secretos, la idea que prevalece conforme avanza la investigación es que extremistas vinculados a Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), la principal amenaza terrorista en el Norte de África, tuvieron "un papel destacado" en el asalto.

La Casa Blanca ha justificado esos cambios de versión como el resultado natural de la evolución de la información de inteligencia que ha ido recibiendo, pero los republicanos acusan al Gobierno de "engañar" al pueblo estadounidense y de haber tardado demasiado en admitir que fue "un ataque terrorista".

También ha habido declaraciones contradictorias sobre la seguridad de la misión estadounidense en Libia y sobre quién estaba al tanto de las peticiones para reforzarla.

En una audiencia el pasado miércoles ante el Congreso, dos funcionarios de seguridad de alto rango indicaron que el Departamento de Estado negó una solicitud para enviar a más agentes a proteger las instalaciones diplomáticas en Libia.

"No nos dijeron que querían más seguridad. No sabíamos que querían más seguridad", declaró este jueves el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, en su debate televisado con el aspirante republicano a la Vicepresidencia, Paul Ryan.

Hoy el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, afirmó que Biden estaba hablando de sí mismo y de Obama, no del Gobierno en general, e insistió varias veces en una rueda de prensa monopolizada por el ataque de Bengasi en que las solicitudes sobre la seguridad diplomática las maneja el Departamento de Estado.

Pese a la presión de los periodistas, Carney rehusó aclarar si Obama y Biden fueron informados en algún momento de las preocupaciones existentes sobre la seguridad en Libia.

Según comentó hoy en un mitin en Richmond (Virginia) el candidato presidencial republicano, Mitt Romney, tras el debate entre Biden y Ryan surgieron "más preguntas" sobre lo ocurrido en Bengasi.

Cuando el vicepresidente "contradice directamente el testimonio de funcionarios del Departamento de Estado los ciudadanos estadounidenses tienen derecho a saber exactamente lo que está pasando", denunció Romney.

Después de un mandato con reconocidos logros en política exterior como la muerte de Osama Bin Laden y el fin de la guerra de Irak, a raíz del ataque en Bengasi los republicanos acusan a Obama, que aspira a la reelección, de no defender con firmeza suficiente los intereses estadounidenses en el extranjero.

Está por ver si ese mensaje está calando entre los votantes. La aprobación a la política exterior de Obama bajó de agosto a septiembre del 54 al 49 %, mientras que la desaprobación aumentó del 40 al 46 %, según una reciente encuesta de NBC y The Wall Street Journal.