Miles de personas asisten en la plaza de San Pedro del Vaticano a la apertura de Año de la Fe, en la jornada en que se cumple medio siglo del comienzo del Concilio Vaticano II, que cambió la faz de la Iglesia y la lanzó hacia el tercer milenio.

La misa solemne la oficia el papa Benedicto XVI y la concelebran 400 oficiantes, entre cardenales, arzobispos, obispos, Patriarcas de iglesias orientales en comunión con Roma, que participan en el Vaticano en el Sínodo de Obispos para la Nueva Evangelización, que comenzó el 7 de octubre y se prolongará hasta el 28 de este mes.

Antes del comienzo de la misa y como preparación de la misma en la plaza vaticana se leen textos de las cuatro constituciones (actos legislativos emanados del Papa para dar disposiciones de carácter general y permanente) aprobadas por el Concilio Vaticano II.

Las constituciones aprobadas fueron la "Lumen Gentium", sobre la Iglesia; "Dei Verbum", sobre la revelación Divina; "Gaudium et Spes", sobre la Iglesia en el mundo actual; y "Sacrosanctum Concilium", sobre la Sagrada Liturgia.

Pocos minutos antes del comienzo de la misa, prevista para las 08.00 gmt, sonarán las campanas de San Pedro y comenzará una procesión con los prelados presentes que recordará la de aquel día de 1962, cuando los padres sinodales entraban en la basílica de San Pedro para dar comienzo al Vaticano II.

Catorce obispos que asistieron al Concilio Vaticano II, entre ellos un mexicano, un uruguayo y dos brasileños, así como uno de los mineros chilenos que estuvieron 2 meses atrapados a 700 metros de profundidad, asisten a la ceremonia.

El Año de la Fe se enmarca en la crisis generalizada que afecta a la sociedad, que incluye también a la fe, según dijo recientemente el arzobispo Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización.

Fisichella precisó que la crisis de la fe es la "expresión dramática de una crisis antropológica que ha dejado al hombre a su suerte" y que por ello está "confuso, solo, sin una meta a la que dirigirse".