La corte suprema de Brasil realizó hoy otra audiencia del juicio sobre corruptelas denunciadas en 2005 y alcanzó mayoría para absolver del cargo de lavado de dinero a un exdiputado, a un antiguo funcionario y a una asesora parlamentaria.

En esta nueva sesión del llamado "juicio del siglo" votaron siete de los diez magistrados y en forma unánime se pronunciaron por la inocencia del exdiputado del Partido de los Trabajadores (PT) Luiz Carlos da Silva, conocido como "Profesor Luizinho".

También fueron exculpados por todos los jueces José Luiz Alves, exfuncionario del Ministerio de Transporte, y Anita Leocadia, una antigua asesora del PT en la Cámara de Diputados.

Por otra parte, los votos están divididos hasta ahora sobre el exministro de Transporte Anderson Adauto, absuelto ya del cargo de corrupción activa pero acusado también de lavado de dinero y considerado culpable por tres de los jueces que se pronunciaron hoy.

En la misma situación quedaron los exdiputados del PT Paulo Rocha y Joao Magno, cuya suerte se definirá en la próxima audiencia, que se celebrará el próximo lunes.

El caso se refiere a una vasta red de corruptelas tejida por el PT después de las elecciones de 2002, en las que esa formación llevó por primera vez al poder a Luiz Inácio Lula da Silva.

Según ha probado ya el Tribunal Supremo, esa red le permitió al PT financiar campañas en forma ilegal, incluida la del propio Lula, y también sobornar a dirigentes y diputados de cuatro partidos, con lo que construyó la mayoría parlamentaria que no había obtenido en las urnas.

El proceso comenzó el pasado 2 de agosto y, hasta ahora, 25 de los 37 acusados que tiene el caso han sido declarados culpables de algún cargo de corrupción.

Entre estos últimos, los más relevantes son el exministro de la Presidencia José Dirceu, el expresidente del PT José Genoino y el antiguo tesorero de esa formación Delubio Soares, responsabilizados por el delito de corrupción activa.

Dirceu es uno de los líderes más importantes de la izquierda brasileña, que ha reaccionado con indignación al fallo del Supremo.

En la época de los escándalos era considerado el "hombre fuerte" del Gobierno de Lula, de quien fue consejero y escudero político a lo largo de más de tres décadas.