El exdirector del Fondo Monetario Internacional (FMI) Dominique Strauss-Kahn, que todavía tiene un frente abierto ante la justicia francesa por escándalos sexuales, no se considera culpable de nada y quiere que se le deje en paz de lo que considera una "caza mediática".

"No soporto más que se abuse de mi situación y de las investigaciones judiciales que me afectan -por error- para mofarse de mi vida privada y contar a los cuatro vientos historias reales o inventadas con el argumento de no se qué transparencia moralizante" declara en una entrevista al semanario "Le Point" Strauss-Kahn (conocido por sus siglas DSK), que demanda "¡que me dejen en paz!"

Lo justifica porque ha dejado la política y tampoco es una personalidad de la prensa rosa para que tenga que tener "un fotógrafo debajo de (su) casa un día de cada dos" y considera "inaceptable que se pisotee (su) vida privada" y la de las personas con las que se relaciona.

Sobre la investigación judicial en la que está imputado por proxenetismo agravado en el conocido como el caso del hotel Carlton de Lille, el antiguo líder socialista insiste en que no cometió ningún delito penal porque no sabía que las mujeres de las orgías en las que participaba eran prostitutas.

"La realidad es que uno de mis amigos organizaba fiestas en las que participé. Como había prostitutas, ahí estoy acusado de haber creado una red de prostitución a mi servicio (...) Es algo tan artificial como absurdo", argumenta antes de explicar que desconocía que las mujeres eran profesionales del sexo pagadas.

Además, señala que "nunca (ha) puesto los pies en ese hotel" de Lille desde el que se organizaban las juergas.

En cuanto a las alegaciones de prácticas violentas cometidas en esas orgías -que fueron archivadas a comienzos de mes por la justicia francesa-, reitera que "los que me conocen saben que la violencia no va conmigo, que incluso me parece odiosa".

DSK recuerda que en el escándalo sexual que lo retiró de la política -las acusaciones de una camarera del hotel Sofitel de Nueva York en mayo de 2011- la fiscalía retiró las imputaciones iniciales que le hicieron pasar cuatro días en prisión.

Unos días que -asegura- le han marcado porque fue "increíblemente duro" ya que le vistieron con un pijama para suicidas, sólo podía salir de su celda con grilletes en los pies y únicamente consiguió dormir con somníferos.

En términos generales, el exdirector gerente del FMI reconoce haber sido ingenuo al haber pensado que podía llevar una doble vida sin incidencias, una pública y otra privada con una dimensión sexual que define como "comportamientos libres entre adultos que consienten".

"Fui ingenuo por no decir más (...) Estaba demasiado alejado de la sociedad francesa para un responsable político. Me equivoqué", confiesa antes de puntualizar que "el juicio moral que algunos hacen de mi vida privada no autoriza todos los abusos".

DSK relativiza las ambiciones que tenía de llegar a presidente de Francia, que nunca le habían quitado el sueño.

Cuenta que en una conversación con Nicolas Sarkozy, el entonces jefe del Estado le preguntó sobre sus ambiciones y DSK le contestó "para esquivar" que en el Elíseo el 80 % de los temas que se tratan son problemas y sólo el 20 % "apasionantes" mientras que él al frente del FMI tenía una proporción inversa.

En cuanto a su futuro, pone el acento en que no es "candidato a nada" y que se plantea implicarse en "grandes proyectos internacionales" aunque "por el momento estoy todavía obstaculizado por mi situación".