La Feria del Libro de Fráncfort abrió hoy sus puertas al público en una edición en la que se podrán ver desde un prototipo de la primera imprenta del mundo hasta los más recientes lectores electrónicos.

La imprenta de Gutenberg, o con más exactitud un duplicado de la misma, procede del museo que lleva el nombre del inventor y un antiguo tipógrafo, ataviado con indumentaria del siglo XV, muestra y explica su funcionamiento a los visitantes de la Feria.

Pese a que la imprenta fue una revolución tecnológica en su época, es evidente que su funcionamiento da hoy, desde la perspectiva de la era digital, una sensación de trabajo artesanal.

Gutenberg, explicó el tipógrafo, necesitó cerca de tres años para imprimir los 180 ejemplares de su biblia, de la que actualmente se conservan 48.

Para cada página tuvo que preparar un placa metálica que tenía que ser impregnada con tinta antes de pasar por la imprenta, para cuyo diseño Gutenberg se inspiró en máquinas para exprimir uvas en los viñedos.

Las cifras del mundo editorial actual son muy distintas a las de la época de Gutenberg. En la Feria que empieza hoy hay, según los organizadores, más de 7.000 expositores de más de un centenar de países.

Las tiradas de los títulos de éxito alcanzan cientos de miles y hasta millones de ejemplares y ya ni siquiera el papel y la tinta tienen que formar forzosamente parte del negocio del libro.

Frente a los métodos tradicionales, el consorcio canadiense Kobo muestra a los asistentes sus nuevos lectores electrónicos que están entrando al mercado europeo con la esperanza de hacerle competencia al "Kindel", al "Sony reader" y a otros aparatos ya establecidos.

El "Kobo mini", que ya está en el mercado y cuesta en torno a los 80 euros (unos 102 dólares), tiene un tamaño que permite guardarlo en el bolsillo de una chaqueta.

Además, está el "Kobo Arc", con el tamaño tradicional, que es una tableta, con todas las funciones, aunque su diseño está pensado ante todo para las necesidades del lector de libros digitales. Ese nuevo lector electrónico estará en el mercado en noviembre y costará en torno a los 200 euros (unos 257 dólares).

Todos los dispositivos tienen conexión a internet y es posible desde ellos comprar títulos digitales tanto en la librería de Kobo, que ofrece igualmente títulos gratuitos, como en otras librerías.

Pese a la digitalización, y a que desde hace años se pronostica que ha llegado el momento del libro digital en Europa, en un paseo por la Feria lo que se ve son ante todo libros de papel. No es sorprendente si se piensa que la cuota de mercado del libro digital en Europa está en torno al 2 por ciento.

Eso no impide que surjan ideas algo apocalípticas como es el caso del artista austríaco Ivon Ilmer que tiene un puesto en el mismo pabellón del museo Gutenberg en el que muestra sus esculturas, que no son otra cosa que libros de madera, de diferentes tamaños y que, naturalmente, no pueden abrirse ni leerse.

Interrogado acerca de si realmente cree en la desaparición del libro dice que "no totalmente", aunque agrega que hay cierta tendencia y se refiere a revistas de decoración de interiores en las que se ven fotos de estanterías que no contienen libros sino sólo objetos.

A la entrada del pabellón número cuatro unos niños sentados en el suelo juegan con una consola. Pero al juego también pertenece un libro que, sin embargo, no tiene letras ni imágenes sino sólo códigos a los que el niño tiene que apuntar con un aparato para se active la pantalla.

En el monitor, el libro si tiene imágenes que van cambiando según avanza el juego. Hay, por ejemplo, una calabaza que se infla hasta reventar o unas brujas a las que hay que neutralizar con rayos que salen desde una varita mágica que no apunta al monitor sino al libro.

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Por Rodrigo Zuleta

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