El Tribunal Supremo de EE.UU. se mostró hoy dividido en la primera audiencia del caso de Abigail Noel Fisher, una joven blanca que demandó a la Universidad de Texas por no admitirla como alumna al aplicar criterios de discriminación positiva en favor de negros e hispanos.

Durante la hora y 20 minutos que duró la presentación de argumentos, los jueces de tendencia progresista ratificaron su apoyo a lo que se conoce como "acción afirmativa" para garantizar la diversidad racial en las universidades.

Mientras, los magistrados conservadores cuestionaron el programa de la Universidad de Texas que usa la raza, entre otros aspectos, como criterio de admisión de una cuarta parte de sus alumnos y se preguntaron a cuánto equivale la "masa crítica" necesaria de estudiantes de minorías para asegurar la diversidad.

De los casos previstos para este nuevo periodo de sesiones del tribunal inaugurado el pasado 1 de octubre, el de Fisher es uno de los que más expectación ha generado y el fallo puede llegar en cualquier momento a partir de ahora y hasta el próximo junio.

En 2008 Fisher, quien "soñaba" con estudiar en la Universidad de Texas, una de las más reconocidas del país, demandó a ese centro por no admitirla como alumna cuando terminó la secundaria.

Según sus abogados, Fisher se vio perjudicada por los criterios de discriminación positiva que la Universidad de Texas aplica en algunos casos y que dan prioridad a los jóvenes pertenecientes a minorías, especialmente afroamericanos e hispanos.

Fisher no figuraba entre el 10 % de los alumnos con mejores calificaciones de cada secundaria de Texas que por ley estatal pueden acceder automáticamente a la universidad, sino que figuraba en otro grupo en el que se evalúan calificaciones y otros aspectos como la raza.

La joven argumenta que algunos de sus compañeros en la secundaria con calificaciones y desempeño similar fueron admitidos, y la "única diferencia" era el "color" de su piel.

Pero, según Gregory Garre, abogado de la universidad, "su índice académico no era simplemente lo suficientemente alto".

Tras pasar por tribunales de menor rango que siempre han dado la razón al centro educativo ahora el caso ha llegado al Supremo, donde una hipotética sentencia favorable a la demandante podría implicar la anulación de programas de discriminación positiva vigentes en universidades de todo el país.

Durante los últimos 35 años el Supremo ha dictaminado dos veces que la raza puede ser uno de los factores para determinar la admisión en una universidad, siempre y cuando no se fijen cuotas.

La última vez fue en 2003, con un fallo en favor de la llamada "acción afirmativa" en el caso de los estudiantes blancos Barbara Grutter, Jennifer Gratz y Patrick Hamacher contra la Universidad de Michigan.

El programa de admisiones de la Universidad de Texas que toma en cuenta la raza como criterio "ciertamente no es más agresivo" que el de Michigan que obtuvo en 2003 el aval del Supremo, sino "más modesto", argumentó hoy la juez progresista Ruth Bader Ginsburg.

Mientras, el presidente del Supremo, John Roberts, y los magistrados Antonin Scalia y Samuel Alito expresaron abiertamente su escepticismo hacia el programa universitario.

Según analistas, después de la exposición de argumentos vista hoy la "acción afirmativa" cuenta con el apoyo de los tres jueces más progresistas y otros cuatro se oponen a ella.

De los nueve miembros del Supremo, la magistrada Elena Kagan, también progresista, se ha apartado del caso porque trabajó en él como abogada.

Eso deja casi todo en manos del voto del juez Anthony Kennedy, que se pronunció en 2003 en contra de la "acción afirmativa" pese a que acepta la necesidad de que se fomente la diversidad en el acceso a la universidad.

Lo mejor que pueden esperar los defensores de la "acción afirmativa" que como el conocido reverendo afroamericano Jesse Jackson se concentraron hoy a las puertas del Supremo es un empate 4-4 en el fallo del tribunal, lo que mantendría el status quo.