El movimiento de izquierdas Marcha Patriótica, constituido en abril de 2012 e integrado por más de 1.500 organizaciones sociales y políticas de Colombia, anunció hoy que está dispuesto a acoger a los guerrilleros de las FARC que se desmovilicen y decidan entrar en la vida civil.

Así lo anunció hoy uno de sus voceros, el director del semanario Voz, Carlos Lozano, quien manifestó que "es la guerrilla la que tiene que decidir qué camino va a adoptar, pero si decide integrarse a la Marcha Patriótica, creo que hay que abrirle la puerta".

Lozano aclaró que esa situación se daría en el caso que, finalmente, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) decidieran no constituir un partido propio.

Así se expresó en una ponencia enmarcada en el debate "El proceso de paz a partir de Oslo", convocado por las organizaciones International Crisis Group, Fundación Ideas para la Paz y Corporación Nuevo Arco Iris con motivo del inicio de los diálogos entre el Gobierno colombiano y las FARC que tendrán lugar la semana que viene en Oslo.

Lozano valoró que, si se habla de paz en Colombia, se necesita "a la guerrilla, sin armas, en la vida civil y democrática" por lo que "hay que ofrecerle estos espacios (políticos), a la vez que el Estado debe garantizarlos".

Aún así, insistió en que "la Marcha Patriótica no son las FARC" y recordó que esta coalición política integra a "decenas de organizaciones sociales que se están pronunciando por la paz y la unidad de la izquierda" con el objetivo de ser "una alternativa pacífica y democrática".

Lozano respondía así a las declaraciones del director de la Corporación Nuevo Arco Iris, León Valencia, quien advirtió que la Marcha Patriótica "sí son las FARC" por considerar la proximidad ideológica de muchos de sus integrantes, originarios de las zonas campesinas y del entorno social de la guerrilla.

"Estamos igual que hace veinte años: unos lo niegan y los otros los acusan", señaló, aunque se mostró partidario de "proteger y dejar a las FARC espacios dentro de la Marcha Patriótica".

En la mesa de debate se sentaron también el director para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, Javier Ciurlizza; la directora de la Fundación Ideas para la Paz, María Victoria Llorente, así como el representante a la Cámara del Partido de la U, Guillermo Rivera, y el del Partido Conservador, Miguel Gómez.

Todos ellos coincidieron en señalar la importancia de integrar, en las negociaciones, mecanismos de participación ciudadana que incluyan iniciativas regionales conocedoras del entorno y que atiendan las necesidades de todos los agentes nacionales.

En este sentido, el representante conservador cercano a las tesis del expresidente Álvaro Uribe, Miguel Gómez, denunció que se trata de "una negociación de la oligarquía de Bogotá que no ha vivido de cerca la guerra, no es la paz del pueblo".

A excepción del representante Rivera, Gómez se unió al resto de ponentes para manifestar el riesgo de que se mantengan las negociaciones sin un cese al fuego.

A pesar de la heterogeneidad de opiniones presentes en la mesa de debate, los ponentes consideraron señalar que la agenda de debate en Oslo no garantiza la reconciliación, ya que es en la tercera fase de la negociación, una vez firmado el alto al fuego, cuando se determinará, realmente, el futuro del país y se construirá el proyecto de paz.

Por su parte, Llorente criticó que no haya ninguna mujer entre los negociadores de la mesa y consideró que ésta "es una expresión del país" que definió como "machista", por lo que animó a incentivar un debate entorno al desmantelamiento de "los modelos patriarcales, una de las raíces de la violencia en Colombia".