A medida que la competencia hacia la Casa Blanca muestra indicios de endurecimiento a nivel nacional, el equipo de campaña del presidente Barack Obama apuesta por una operación masiva para que sus simpatizantes vayan a votar y por una ofensiva estado por estado para mostrar que la economía ha mejorado, con la meta de mantener su aparente ventaja electoral en los campos de batalla de Ohio a Virginia.

El republicano Mitt Romney, con las energías renovadas tras el debate de la semana pasada, luce confiado en los actos de campaña y se mueve hacia el centro político tanto en temas nacionales como exteriores, pero sus asesores no han esbozado algún camino claro para ganar los 270 votos del Colegio Electoral necesarios para ganar la Casa Blanca.

"Las cosas van bastante bien", dijo el lunes con una sonrisa el habitualmente prudente Romney.

Obama, en tanto, tuvo un tono de urgencia en su mensaje. En declaraciones a donantes en San Francisco dijo que era hora de volverse "casi obsesivos" en sus esfuerzos para cabildear a amigos y familiares en estados disputados. Y declaró: "Yo absolutamente planeo ganar estas elecciones".

Pero entre los demócratas, luego del debate ha desaparecido la arrogancia de las últimas semanas.

"En última instancia, esta es una contienda reñida y seguirá siendo una contienda reñida hasta el final", dijo Bill Burton, quien encabeza un comité de súper acción política llamado Priorities USA Action.

En efecto, cuando falta apenas un mes para las elecciones, las encuestas muestran una contienda muy cerrada. Con millones de estadounidenses que ya están votando y las cada vez menores posibilidades de cambios de juego, los candidatos tienen poco margen para cometer algún error mientras tratan de persuadir a una franja estrecha de votantes indecisos.

Los asesores de Obama reconocen a su vez que el fuerte surgimiento de Romney del debate le ayudó a cambiar de marcha luego de un septiembre con problemas, pero también sostienen que el impulso de Romney estuvo limitado en cierta medida por un informe del mercado laboral difundido el viernes, que muestra que la tasa de desempleo se redujo al 7,8%, la cifra más baja de la presidencia de Obama.

Dicen que el presidente fue sacado de paso durante el debate la disposición de Romney a abandonar sus posiciones previas, incluyendo su propuesta de recortar 5 billones de dólares en impuestos. En el próximo debate — y en anuncios televisivos se espera que el presidente y sus asesores acusen a Romney de mentir sobre sus propios planes.

El lunes, Romney atacó la política exterior del presidente al decir que el conflicto en Medio Oriente ha crecido por sus errores de liderazgo.

Con su discurso en el Instituto Militar de Virginia, Romney pretendió enmendar una serie de tropiezos en política exterior, abordando un tema donde los sondeos muestran que Obama tiene una ventaja clara.

"Hay un deseo de liderazgo estadounidense en el Medio Oriente", declaró Romney, al tiempo que hizo un llamado para adoptar una postura más enérgica con Siria, establecer nuevas condiciones para ayudar a Egipto e imponer sanciones más estrictas a Irán.

Sin embargo, no es la única región que anhela ese liderazgo, afirmó.

"Nuestros vecinos en América Latina quieren resistirse a la ideología fallida de Hugo Chávez y los hermanos Castro y profundizar sus vínculos con Estados Unidos en comercio, energía y seguridad", aseveró.

Madeleine Albright, ex secretaria de Estado, criticó las declaraciones de Romney en respecto a Latinoamérica.

"Tenemos diferentes relaciones con los países de América Latina, la mayoría muy buenas. Tratar de caracterizar a América Latina como si sólo fuera Chávez y Cuba, creo francamente que es un insulto", dijo Albright.

Por su parte, Obama hace una última gira por California, un estado sólidamente demócrata, en busca de más contribuciones a su campaña de parte de los ricos y famosos.

Dado que la contienda se volvió más reñida después del mal desempeño de Obama en el debate presidencial de la semana pasada, el primero de tres, ahora demócratas y republicanos aguardan el debate del jueves entre el vicepresidente demócrata Joe Biden y el republicano que aspira a reemplazarlo, Paul Ryan.

Y todos están tratando de influir en el pequeño porcentaje de electores que todavía no deciden su voto en menos de 10 estados, con Ohio, Virginia y Florida listos para ser visitados esta semana por los candidatos.

En Estados Unidos el presidente no se elige por voto popular sino por una serie de contiendas estado por estado.

En un despliegue de poder ejecutivo en año electoral, el lunes Obama declaró monumento nacional la casa del líder latino defensor de los derechos laborales César Chávez, fundador del Sindicato de Trabajadores Agrícolas, que murió en 1993.

El acto fue un abierto llamado a los electores hispanos en los estados indecisos, antes de que el mandatario viajara de Los Angeles a San Francisco para más actos de recaudación de fondos.

Romney enfocó su discurso en política internacional para enviar señales fuertes a Irán y Siria y mostrar a Obama como débil por su respuesta a los mortíferos ataques contra un consulado de Estados Unidos en Libia.

Obama ya respondió por adelantado.

"No vamos a ser sermoneados por alguien que ha sido un desastre absoluto en política exterior", dijo Jen Psaki, vocera de campaña de Obama.

Los electores le dan mejores calificaciones a Obama que a Romney en temas de seguridad nacional y respuesta a crisis, pero los sondeos muestran que en general los temas externos no son prioridad comparado con los problemas económicos de Estados Unidos.

Después de visitar Virginia y Florida el lunes, Romney estará en unos días en Iowa y Ohio.

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Los periodistas de The Associated Press Luis Alonso Lugo, Ben Feller, Josh Lederman y Steve Peoples colaboraron para este despacho.

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Gráfico interactivo:

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