La última vez que compitió por la reelección, el presidente Hugo Chávez ganó con facilidad en Petare, que con medio millón de habitantes es una de las mayores barriadas pobres de América Latina.

Pero esta vez, quizás no.

"El Flaco tiene la calle", grita a través de su ventana María Hernández, mientras tres corresponsales extranjeros suben las escalinatas en medio de un nido de casuchas de ladrillos rojos levantadas sobre la colina. La mujer gritó también el eslogan del opositor: "Hay un cambio".

Ese es el apodo del candidato opositor Henrique Capriles, quien tiene un sorprendente apoyo en este sector de Petare llamado José Félix Rivas, que está habitado por 1.500 familias.

El José Félix es dirigido por un consejo comunal de fieles seguidores de Chávez, quienes ofrecen asistencia especial a los discapacitados, registran a los ancianos para que reciban sus pensiones y distribuyen las asistencias oficiales, desde comida gratis hasta subsidios para mejoras en las viviendas.

Pero tales servicios, entregados a través de lo que el gobierno denomina "misiones", hace mucho que dejaron de transferir una lealtad automática hacia Chávez, quien en los comicios de este domingo busca su tercera reelección.

La barriada está dividida, en parte debido a la mala gerencia de partidarios de Chávez que manejaron la alcaldía y la gobernación y que dejaron sus cargos debido al voto en el 2008 y el 2010, respectivamente.

El gobernador elegido y que llegó al cargo fue Capriles, quien intentó crear organizaciones paralelas para enfrentar a los consejos comunales chavistas, aunque no lo consiguió del todo.

Mucho más arriba hacia la colina, banderas anaranjadas de uno de los partidos que respalda al candidato opositor de 40 años ondean en la ventana del segundo piso de la casa de Ivana Villamizar.

"SI gana Chávez, pienso dejar el país", afirmó Villamizar. "De verdad no quiero que el futuro de mis hijos se dé en las condiciones en este país como esta".

La enfermera de 25 años y madre de dos niños, de cinco años y 18 meses, ha pasado más de la mitad de su vida bajo el gobierno de Chávez.

Villamizar enumera el listado de razones más usadas para explicar por qué quiere que Chávez salga del cargo: una espiral de violencia criminal, la abultada nómina de empleados públicos con filiación al Partido Socialista Unido de Venezuela que nada hacen en oficinas ministeriales y una corrupción subterránea que, afirma, se extiende al consejo comunal.

"Lo que le falló a Chávez es la gente (que) tiene alrededor, no le ayuda. No le ayuda porque son una parranda (banda) de ladrones. Así de sencillo", dijo.

Los mismos "policías son 'malandros'" o delincuentes, agregó.

Villamizar está especialmente molesta porque el consejo comunal no le ha dado fondos para reemplazar su viejo techo de zinc con goteras y que mantiene fijo gracias al peso de ladrillos rojos sueltos que le ha colocado encima.

"El gobierno no tiene la culpa", la interrumpe su vecino Jacinto Suárez, un ex guardia de seguridad de camiones de cerveza de 69 años, en una discusión sobre los escalones que dividen sus básicas residencias.

Pero, ciertamente sí es así, rebate Villamizar. "¿Quién está detrás de los consejos comunales? Elías Jaua. ¿Y quién está detrás de Elías Jaua? El presidente", argumenta.

El consejo convenientemente le permite a la maquinaria de Chávez saltarse a las autoridades locales y estatales y llegar directamente a la raíz.

Suárez es un chavista comprometido y su casa está ahora en reconstrucción. En una visita realizada la víspera por reporteros de la Associated Press, dos obreros estaban colocando los ladrillos para reemplazar las paredes de cartón.

"Para mí, si gana el 'Flaco', se acaba con las misiones. Nos moriremos. Nos moriremos de hambre", dijo Suárez. "El está con las burguesías", agregó.

No es verdad, replica Villamizar.

Las misiones o subsidios y programas de ayudas "tienen que continuar porque si no sería una *sampablera* (desastre) horroroso", indicó Villamizar.

Los venezolanos, cuya economía dominada por el petróleo no produce muchas otras cosas, se han vuelto más dependientes que nunca de ese recurso bajo el gobierno de Chávez.

Capriles se ha descrito como un hombre de centro-izquierda, y ha prometido mantener las misiones y no reducir la nómina pública. Sin embargo, cuenta con el sólido respaldo de la derecha de Venezuela y eso ha desatado temores de una purga entre los chavistas si el opositor gana la elección.

Tales temores han desatado brotes de violencia, letal en un caso. Dos simpatizantes de Capriles fueron muertos a balazos el fin de semana pasado, supuestamente a manos de chavistas, en Barinas, el estado natal del presidente.

A un día de los comicios Villamizar expresa el sentimiento de que la competencia es tan reñida que la elección se decidirá por un puñado de votantes, quizá el 10%, que se tomen finalmente su decisión en la urna electoral.

Las encuestas venezolanas no son confiables así que la intuición comienza a trabajar.

"Hay muchos chavistas, muchas personas que viven en este barrio... (en) José Félix Rivas Zona 2, funcionarios públicos que los obligan (a ir) a las marchas", aseguró la mujer. "Pero en el fondo cuando vayan a votar, ten seguro que no van a votar por Chávez", aseguró.

"Como hay otros que serán lo contrario", dijo.

Villamizar destacó que no tiene ni idea de lo que sucederá el domingo.

"Si tú me preguntas qué va a pasar el 7 de octubre te voy a decir: No sé, porque no sé. Que sea lo que Dios quiera".