Los españoles se han acostumbrado a desayunar a diario con críticas desde los puntos más variopintos del planeta. España, con una economía al borde del precipicio, es como el boxeador que se tambalea en la esquina del cuadrilátero, mientras el rival castiga sin piedad y el árbitro no detiene el combate.

El último golpe de la serie llegó en la madrugada del jueves desde Estados Unidos. Durante el primer debate entre los aspirantes a la presidencia, el candidato republicano Mitt Romney citó a España como ejemplo de lo que no quiere para su país.

En concreto, Romney le dijo a Barack Obama que España pierde 42% de su producción económica en gasto público.

"Nosotros (Estados Unidos) estamos gastando el 42% de nuestra economía en el Estado. No quiero ir por el camino de España", argumentó el aspirante republicano.

Los datos de Romney, que Obama no rebatió, son ciertos, pero a medias. Y desde luego no parecen el principal problema de la economía española.

España invirtió 43,6% de su Producto Interno Bruto (PIB) en alimentar su aparato público, lo que supone seis puntos porcentuales menos con respecto a la media de los 27 países de la Unión Europea, según cifras oficiales de 2011 publicadas por la agencia estadística europea Eurostat.

De hecho, ese porcentaje criticado por Romney es mayor en países teóricamente prósperos. Alemania gastó un 45,6% de su PIB en los costos del Estado, mientras el Reino Unido invirtió un 49%, Suecia un 51% y Finlandia, ejemplo habitual de racionalidad y equilibrio, destinó 54%.

Por tanto cabe deducir que la recesión, el desempleo de casi el 25%, la deuda y los gravísimos desequilibrios que han situado a la economía española al borde del rescate europeo requieren análisis más complejos.

Romney no mencionó otro país europeo durante el debate y da la casualidad que el gobernante Partido Popular se identifica más con el Partido Republicano en Estados Unidos que con el Demócrata.

"España no está ardiendo por los cuatro costados como algunos pretenden hacer ver al exterior", dijo la secretaria general de los populares, María Dolores de Cospedal, interrogada sobre el tema.

Agregó que "estamos en el ojo del huracán por una razón: porque hay muchas personas que tienen mucho interés en que el euro no tenga estabilidad y hay algunos que les ha parecido que lo más fácil es atacar a España".

La crisis, las constantes manifestaciones y los recientes disturbios en algunas protestas han copado las portadas de los medios internacionales. Y aunque no es la primera vez que se señala a España como culpable de gran parte de los males de Europa, la mención al país disparó la escasa cobertura que normalmente se concede a los debates presidenciales estadounidenses.

El nombre de Romney, al que probablemente muchos españoles no conocían, está ahora en boca de todos.

"Me parece una opinión injusta y sobre todo ventajista, porque aprovecha el mal momento de España para usarlo contra su rival", comentó Luis Domínguez, un taxista de 62 años.

"Somos un mal ejemplo para la mayoría de países, a nivel europeo y a nivel mundial. Es lo que nos toca ahora", admitió con resignación Eugenio Poyo, un funcionario de 43 años. "Lo que tienen que hacer nuestros gobernantes es sacarnos de esta crisis cuanto antes", agregó.

En las elecciones a la presidencia de Francia que ganó el socialista Francois Hollande el año pasado, el ex mandatario conservador Nicolás Sarkozy utilizó recurrentemente en sus discursos a España como ejemplo de lo que Francia no debía hacer.

"Lo de Romney no es nuevo. Nuestro vecino Sarkozy se pasó el día criticando a España. ¿Sabe lo que pasó? Que acabó perdiendo", recordó Juan Miguel Artero, un jubilado de 66 años.