El sector de la principal central sindical afín al gobierno se disponía el miércoles a elegir al gremialista Antonio Caló como su secretario general en lo que constituye un paso más en la fragmentación del movimiento obrero argentino.

Caló es el jefe de la Unión Obrera Metalúrgica y dentro de la Confederación General del Trabajo (CGT) recibe el apoyo de gremios poderosos como el de comercio, el de la construcción y el automotor --conocidos como "los gordos"-- y el del Movimiento Acción Sindical Argentina, integrado por ex aliados del camionero Hugo Moyano, enfrentado con la presidenta Cristina Fernández y líder de la CGT disidente.

Más de mil sindicalistas se encontraban reunidos en un congreso en esta capital en el que Caló será nombrado su nuevo líder, según anunciaron gremialistas antes del encuentro.

Moyano, titular del gremio de los camioneros, denunció ante periodistas una "maniobra política" del gobierno para crear una central obrera afín y responsabilizó al ministro de Trabajo Carlos Tomada de la división del sindicalismo.

La casi segura elección de Caló como conductor de los gremios conciliadores con el gobierno puso de manifiesto la incapacidad de sus seguidores y los de Moyano para superar sus diferencias. El camionero fue reelegido en julio como secretario general de la CGT combativa.

Moyano, antaño fiel aliado de Fernández, asumió en los últimos meses una actitud abiertamente opositora con el argumento de que el gobierno no atiende sus reclamos de mejora del poder adquisitivo de los trabajadores ante una inflación de 25% para este año, según cálculos de economistas privados. Para el Ejecutivo, la subida de los precios ronda 11%.

A Moyano responden gremios que pueden paralizar el país como el del transporte de mercancías, de combustibles, de recolección de basura, de alimento, de caudales y de materiales peligrosos.

Por otro lado, dentro de la central sindical existe otra fracción, la llamada CGT Azul y Blanca, que responde a Luis Barrionuevo, líder del sindicato de los gastronómicos. Este gremialista tiene reclamos similares a los de Moyano pero quiere mantener cierta independencia en el movimiento obrero.

La CGT ha sufrido repetidas fracturas desde su creación en 1930. Desde los años 40 es dirigida de manera ininterrumpida por el peronismo, al cual responde la presidenta.

La última gran división interna fue en 1991, cuando bajo el gobierno del también peronista Carlos Menem un grupo de sindicatos que no comulgaba con la política neoliberal del gobierno abandonó la CGT y fundó la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que en la actualidad está a su vez dividida en una fracción opositora a Fernández y otra más contemporizadora.