La eventual repatriación desde un cementerio de Brasilia de los restos del ex dictador Alfredo Stroessner, fallecido en 2006, generó el disgusto de algunas organizaciones de defensa de los derechos humanos en Paraguay que lo consideran un genocida.

El senador Alfredo Stroessner Domínguez del opositor Partido Colorado, nieto del ex hombre fuerte paraguayo que gobernó entre 1954 y 1989, aseguró el martes que "mi familia traerá los restos del general le guste o no le guste a ciertas personas porque merece descansar en la tierra que lo vio nacer".

Stroessner murió a los 93 años en su exilio de la capital brasileña. Su nieto no especificó cuándo se producirá la repatriación.

Martín Almada, activista de derechos humanos y director del Museo de la Memoria, envió un comunicado a The Associated Press en el que señaló que los restos de Stroessner "deben quedar en Brasil porque fue su segunda patria por adopción. Aquí quedan las consecuencias de su dictadura: la desaparición de numerosos presos políticos cuyos restos no sabemos dónde están enterrados".

Como parte del repudio a la intención de repatriación, la organización no gubernamental Comisión de Derechos Humanos de Paraguay auspició una conferencia pública sobre "la caída de la dictadura en 1989" dictada por la escritora local María Giménez.

El analista político Daniel Ortiz opinó que el ex dictador "se murió sin haberse arrepentido de sus crímenes, pero lo más grave es que no reveló dónde están los restos de presos políticos".

La organización civil Comisión Verdad y Justicia publicó en 2009 un libro de 4.000 páginas en el que reveló las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura de Stroessner y concluyó que en los 34 años que duró su régimen se fueron al exilio un millón y medio de paraguayos y unos 132 individuos desaparecieron.