En un desafío a las expectativas, el presidente de Georgia Mijaíl Saakashvili reconoció el martes la derrota de su partido en las elecciones parlamentarias y dijo que su oponente tiene derecho a ser primer ministro.

El nuevo gobierno georgiano será encabezado por el magnate y filántropo Bidzina Ivanishvili, quien hizo su fortuna en Rusia. Hasta hace poco se sabía poco de él en su país natal de 4,5 millones de personas con costas en el Mar Negro.

En un destacado logro, es la primera vez en la historia de la Georgia post-soviética que el gobierno cambia de líder en unos comicios y no por una revolución. Saakashvili llegó al poder a través de la pacífica Revolución Rosa después de una manipulada elección parlamentaria en 2003.

Al conceder la derrota incluso antes de que se dieran a conocer los resultados el lunes, Saakashvili, de 44 años, desafío las expectativas de los opositores de que retendría el poder a toda costa y mantendría su legado como líder pro-occidental que llevó la democracia a la antigua república soviética.

Evitó también que se desatara la violencia en las calles de la capital Tiflis, donde el apoyo para la coalición Sueño Georgiano es más fuerte. Los partidarios de la oposición comenzaron a celebrar tan pronto cerraron los centros de votación y el estado de ánimo podría haberse tornado desagradable muy rápidamente si hubieran pensado que se les arrebataba la victoria.

Mientras tanto, Ivanishvili, de 56 años, criticó de inmediato a su rival. En conferencia de prensa televisada declaró que la mayoría de las elogiadas reformas del presidente eran una broma y agregó que Saakashvili engañó a los estadounidenses al hacerles creer que era un demócrata. Luego pidió la renuncia del mandatario.

"No creo que nuestra batalla política fuera causada por ningún antagonismo personal de mi parte hacia Saakashvili", declaró. "Pero siempre lo he culpado por lo que está mal en Georgia y puedo repetirlo hoy: la ideología de este hombre ha creado un clima de mentiras, violencia y tortura".

En Washington, la Casa Blanca se congratuló por la votación y dijo que es "el logro de otro hito en el desarrollo democrático de Georgia", al tiempo que exhortó a Saakashvili e Ivanishvili a "trabajar juntos en el espíritu de la unidad nacional".

En la vecina Rusia, el gobierno se alegró por la derrota de Saakashvili, porque él y el presidente Vladimir Putin tienen una profunda enemistad desde una breve guerra entre ambas naciones en 2008.

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Misha Dzhinzhikhashvili en Tiflis y Mansur Mirovalev en Moscú colaboraron con este despacho.