El recientemente electo presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, que se autocalifica como "uno de los presidentes más populares de América Latina" defendió la despenalización de la droga como parte de su nueva política de "mano dura" para combatir la violencia ligada al narcotráfico en una entrevista mano a mano con Fox News Latino.

"Es la primera vez que un presidente en ejercicio del poder dice que hay que encontrar otras rutas para la guerra contra la droga", dijo Pérez Molina en español. "Y eso es parte de lo que siempre hemos dicho: la mano dura es carácter, es firmeza, es decisión y es la voluntad política de querer hacer las cosas".

Pérez Molina y otros líderes latinoamericanos insistieron en el tema de la guerra contra el narcotráfico y en la necesidad de tener una conversación franca sobre nuevas ideas para combatir la droga en sus discursos ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

"Hay algo que no está funcionando en lo que estamos haciendo", dijo Pérez Molina sobre los últimos 20 años. "Encuentro que el narcotráfico ha crecido, la delincuencia ha crecido y la violencia ha crecido".

Pérez Molina dijo que lo que busca es la regulación de las drogas, un punto intermedio entre la "liberalización" total, en la que las drogas se venden en cada tienda de la esquina, y la postura prohibicionista que existe ahora. Ha sugerido que se implementen reglamentaciones basadas en cuán adictivas o peligrosas son las drogas.

"En el caso de la marihuana, hay estudios científicos que indican que crea menos adicción y es menos peligrosa que el alcohol y que el tabaco", dijo. "Hay, entonces, graduaciones que se pueden hacer que se pueden ir regulando, y creo que hay lugar para el diálogo con un fundamento científico".

El presidente, que anteriormente fue director de inteligencia y general del Ejército durante la guerra civil de su país, también negó acusaciones de abusos contra los derechos humanos. Pérez Molina ha sido acusado de participar en "barridas" de destrucción al comienzo de la década de 1980 en el triángulo Ixil, una región de Quiché en la que 2,744 personas murieron asesinadas entre enero de 1982 y fines de diciembre de 1983.

"Cualquier acusación que se haga contra mí no es creíble porque no es cierta", dijo. "De manera que no solo no hay acusaciones, ni mucho menos juicios por violaciones de los derechos humanos, sino que por el contrario, [mi gobierno cuenta con] el reconocimiento de de los guatemaltecos por haber sido uno de los negociadores y un signatario de los Acuerdos de Paz Firme y Duradera".

También desestimó acusaciones de que el pueblo guatemalteco tiene dudas sobre su presidencia a causa de su pasado.

"Me enteré de que una encuesta que hace Mitofsky... los resultados me señalan como uno de los tres presidentes más populares en su país de todos los presidentes latinoamericanos", dijo Pérez Molina. "Así que esto es un reconocimiento que los guatemaltecos dan al buen trabajo que hemos estado haciendo".

Si bien gran parte de la atención de los medios se ha centrado en la enérgica política contra los carteles de la droga del presidente de México Felipe Calderón, se habla mucho menos sobre los efectos que esta guerra ha tenido en sus vecinos centroamericanos, particularmente Guatemala.

Según estadísticas de Naciones Unidas, la tasa de homicidio en Guatemala fue del 38.5 por cada 100,000 habitantes en 2011, más de siete veces mayor que la de EE. UU. y peor que la de México, pero significativamente inferior a la de su vecino, Honduras, que tuvo la mayor tasa de homicidios del mundo con 91.6 por cada 100,000 habitantes. Los grupos delictivos explotan la frontera "porosa" que comparten México y Guatemala, que cuenta con solo 11 puertos de entrada formales en sus 600 millas de extensión.

Un funcionario de la ONU estimó que en 2011 los traficantes tenían bajo su control hasta un 60 por ciento del territorio guatemalteco. Se calcula que unas 14,000 personas, la mayoría de ellos varones jóvenes, pertenecen a pandillas en Guatemala.

Desde que finalizó la guerra civil en Guatemala en 1996, EE. UU. ha gastado 85 millones de dólares en la lucha contra el narcotráfico en Guatemala. El año pasado el gasto fue de 16 millones y está presupuestado reducirlo a 9 millones en 2013. Mientras tanto, EE. UU. incrementó los fondos para luchar contra el narcotráfico en México de acuerdo con un programa a cinco años llamado Iniciativa Mérida por el cual se enviará un total de $2,000,000,000 a México entre 2008 y 2013.

El presidente adjudica a la política de mano dura de su gobierno la disminución del 13 por ciento en la tasa de asesinatos, del 25 por ciento en la de secuestros y del 20 por ciento en la de asesinatos de mujeres.

Pérez Molina reconoció que, sin embargo, la relación entre EE. UU. y Guatemala podría mejorar.

"Si tuviera que calificar lo que hemos estado trabajando con Estados Unidos en una escala del 1 al 10, podría decir que ha sido de un 6; pero podríamos trabajar conjuntamente y llegar a un 10", expresó.

Pérez Molina incluso hizo una propuesta específica para mejorar la relación con EE. UU. contra el comercio internacional de la droga.

“Vea, por cada kilo de drogas incautadas en Guatemala o en cualquier país centroamericano, creo que los Estados Unidos deberían dar alguna ayuda económica para que podamos continuar esta lucha porque actualmente, recursos que podríamos estar dedicando a la educación, a la salud, al hambre o a la pobreza en nuestro país, los tenemos que derivar a este esfuerzo".

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