Que en el mundo hay fanáticos dispuestos a pagar 4 millones de dólares por una obra de Wifredo Lam es algo que nadie duda; pero al cubano José Busto, cuya pasión es coleccionar arte de su país, no lo amedrentan esas cifras tan elevadas, ni vivir en una nación pobre y aún virgen en esta materia.

Sentado en un aireado balcón desde el cual se ve la sala donde está colgado un exquisito cuadro de Roberto Fabelo custodiado por una escultura en bronce de Pedro Pablo Oliva, Busto reconoce que es pionero de una nueva realidad: un sutil pero creciente coleccionismo nacional.

"Desde muy joven comencé a coleccionar, a comprar y vender", explicó Busto, autodidacta de 43 años. "A comienzo de los 90 era fácil tener arte cubano, un cuadro valía pocos pesos, ahora se venden por miles de dólares".

Para obtener sus obras, Busto además tuvo que sacrificar algunas pertenencias de su familia y hasta recurrió al trueque.

"Una vez cambié un disco de acetato de Iron Maiden que tenía yo por un dibujo del maestro Servando Cabrera, la persona ni siquiera sabía bien quién era y Servando no era reconocido".

Para los expertos, el coleccionismo nacional —en su vertiente institucional o privada— es el punto flaco del mercado de arte cubano y su ausencia contribuye a sacar obras al extranjero lo cual empobrece el patrimonio cultural de la isla, una triste situación que podría cambiar a partir de la mejora económica y la consolidación de una clase media.

Tras décadas de caos, obras perdidas o deterioradas hasta desaparecer al calor del proceso político, un mercado que no definía precios —la propiedad privada se veía como parte de la decadencia del viejo sistema— y una cultura de tasación inexistente, las autoridades decidieron intervenir.

"Los coleccionistas siempre han existido, algunos se lo reservan. Ahora se están abriendo puertas y con el pasar del tiempo se van a conocer más", comentó Busto.

El Ministerio de Cultura comenzó a organizar ferias anuales de artistas para vender grabados, se regularizó la programación del Museo de Bellas Artes recién restaurado, se insistió a los coleccionistas que registren sus obras como garantía de propiedad y hasta se inició por parte del Consejo de las Artes Plásticas un plan para atesorar obras.

El mismo Busto dio un paso más allá y lanzó este año "Avistamientos", un proyecto para promover artistas cubanos de entre 20 y 22 años que él ve con "potencial" y que sería la primera galería privada en el país. Los apoya económicamente, les da un espacio para exponer y los representa o vende sus obras.

Para Luis Miret, el director de Subasta Habana, que organiza un remate una vez al año para el mercado internacional, el coleccionismo nacional es todavía tímido pero está presente.

"Básicamente hay dos grupos, las viejas colecciones importantísimas que por lo general son herencia familiar y tienen obras de maestros, y aquellos que comenzaron posteriormente y cuentan con piezas de rango medio o de artistas vivos", comentó Miret.

Los primeros tienen piezas de Portocarrero, Amelia Peláez o Mariano Rodríguez, todos fallecidos; los segundos se enfocan más en Nelson Domínguez, Manuel Mendive, Moisés Finalé, Alicia Leal o jóvenes como Los Carpinteros, entre otros.

Busto se siente atraído por la obra de Yoan e Iván Capote.

Miret, Busto y otros expertos consultados por AP estiman que a nivel nacional llegan al centenar los coleccionistas de arte cubano.

"No hay realidad cultural completa sin coleccionismos", dijo el periodista Jorge Rivas, quien en 2011 organizó la primera exposición con obras atesoradas por él mismo, todas regalo de los artistas.

Rivas consiguió una galería estatal para realizar su muestra y el éxito fue tal que este año la paseó también por otros espacios.

El coleccionismo "ha re-llegado, esta vez para quedarse", expresó Rivas, para quien su expo fue "una invitación" a practicarlo "como un modo de conservar, dentro de nuestras fronteras, valiosas manifestaciones del patrimonio nacional".

Por siglos, la riqueza de las clases pudientes cubanas estimuló el mecenazgo y notables colecciones, pero al triunfo de la revolución en 1959 muchas piezas fueron sacadas del país, cayeron en manos de personas que desconocían su valor o el propio estado las recuperó, pero sin darles mantenimiento adecuado.

Al consolidarse la revolución, la satanización de lo privado sumada a una crisis que dejó sin recursos monetarios a los cubanos, asestó al coleccionismo un golpe dramático.

Pero junto con una Cuba de reformas económicas y sobre todo a partir de una nueva mentalidad más abierta, el coleccionismo comienza a florecer lentamente: Busto abrió su galería, Rivas expuso sus obras privadas, los artistas están valorando a los compradores domésticos por humildes que sean y algunas personas usan ahorros para adquirir piezas.

En esta dirección va "Bolsillo Flaco", un proyecto del pintor Nelson Domínguez y por el cual se ofrece a la población pequeñas obras de artistas importantes, sobre todo grabados, por pocos pesos cubanos.

"Bolsillo" busca "abrirle los ojos a las personas" y "sensibilizarnos" en el coleccionismo, explicó Dominguez a la AP.

"No tengo nada en contra de que la obra viaje..., pero también es importante que las obras que tienen mucho valor se queden en Cuba, en las colecciones privadas, en los museos. Si no, al final no va a haber referencia de lo que pasó en estos tiempos", reflexionó Domínguez.

Aunque la economía todavía está deprimida, Rivas reconoce que entre los que tienen buenos ingresos hay potencial.

"Hay un importante sector de la sociedad cuyos ingresos se han visto beneficiados por diferentes razones: cuentapropistas con un nivel cultural significativo; personas que trabajan con empresas... o que permanecen una parte del año trabajando en el extranjero", comentó Rivas, quien agregó a su lista a los que reciben remesas.

Los expertos internacionales también notaron que el coleccionismo va tomando otra dimensión.

"A medida que la clase media se desarrolle, también lo hará el coleccionismo de arte, tanto en privado como institucional", manifestó a la AP el crítico estadounidense y ensayista Alex J. Rosenberg, autor de un libro de reciente aparición sobre la tasación y el avalúo de arte enfocado en la nación caribeña.

¿Cuál es ahora el desafío para los coleccionistas cubanos?

"La falta de cantidades generosas de dinero hace que tanto las instituciones como los coleccionistas privados sean más conservadores en sus adquisiciones por temor a cometer errores en lo que compran", expresó Rosenberg. "Espero que cuando haya más efectivo estás sean más atrevidas".

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