China ha mantenido los índices de desempleo pese a la ralentización económica, pero se enfrenta al desafío de generar decenas de millones de nuevos puestos de trabajo en los próximos años, especialmente en sectores alejados de la agricultura que proporcionen un mayor valor añadido a su economía.

Según datos facilitados por la Oficina Nacional de Estadísticas china, el desempleo urbano se situó en una tasa inferior al 4,3 % en los últimos cinco años -un 4,1 % a finales de 2011-, una cifra que va en la línea de las previsiones de las autoridades, que se han marcado el objetivo de no superar el 4,6 % en 2012.

Sin embargo, estos datos no incluyen a las áreas rurales, que en caso de contabilizarse supondrían un aumento de la tasa de hasta 2,5 puntos porcentuales adicionales -llegaría al 6,5 % en 2011-, según un informe de la Economist Intelligence Unit (EIU), integrado en el grupo mediático The Economist.

Hasta ahora, el rápido crecimiento de la economía china (10 % de media anual) junto con la alta predisposición de los trabajadores a emigrar -hasta 250 millones a finales de 2011- han contribuido a mantener reducidos los niveles de desempleo en el gigante asiático.

Prueba de esa disposición a la movilidad es que a finales del año pasado los habitantes de las ciudades superaron por primera vez a los del campo, lo que supone un punto de inflexión en un país eminentemente rural durante sus cuatro milenios de historia.

Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), actualmente China cuenta con unos 150 millones de trabajadores dispuestos a emigrar a cambio de un salario ligeramente superior, "una oferta de trabajo abundante y barata que ha sido una de las claves del desarrollo de la economía".

Este mismo organismo, sin embargo, prevé que esta cifra se reducirá hasta los 30 millones en 2020 debido a la "cada vez menor" predisposición a emigrar y a los incrementos de salario registrados durante los últimos tres años, de más de un 10 % anual de media, que "están enriqueciendo" a la población.

El principal cambio en la economía de la potencia asiática durante las próximas décadas pasa por reducir los 300 millones de trabajadores del sector agrícola, una actividad que aporta menos del 10 % del Producto Interior Bruto (PIB), pero que aún aglutina al 37 % de los empleados del país, según datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística.

Esto supondrá la generación de unos 200 millones de puestos de trabajo durante las próximas décadas en sectores como la industria o los servicios -que generan más valor añadido-, y lograr que sólo entre el 5 % y el 10 % de los trabajadores sean agrícolas, como ocurre en las economías desarrolladas, según indica Capital Economics en un informe reciente.

Actualmente el mercado laboral chino ya sufre algunos cambios en sus patrones, como lo demuestra el que los estudiantes universitarios a veces tengan dificultades para encontrar trabajo.

Es el caso de una joven graduada en contabilidad, de apellido Shao, que lleva medio año buscando un empleo tras acabar sus estudios en una universidad de "baja categoría".

"No quiero estudiar más. Me gustaría trabajar en una empresa donde pueda aplicar todo lo que he aprendido, pero por ahora es imposible. He presentado muchos currículum pero no ha habido suerte", ha explicado a Efe.

El primer ministro del Gobierno de Pekín, Wen Jiabao, advirtió en julio de que la segunda economía mundial "se enfrentará a una situación complicada y difícil para el empleo en el futuro", debido principalmente a la caída de las exportaciones, lo que podría poner en riesgo a las pequeñas y medianas empresas que soportan el 80 % del empleo.

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Xavier Fontdeglòria