El Comité Olímpico Internacional (COI) con el apoyo de ACNUR donó hoy paquetes de material deportivo a tres escuelas públicas de Río de Janeiro donde estudian niños refugiados de Angola y Congo para promover el espíritu olímpico y la integración social.

En un acto celebrado en el colegio municipal São Paulo, situado en la zona norte de Río, el COI continuó con una iniciativa global que ya fue realizada en la India y Sudáfrica que pretende donar material deportivo básico en más de 20 países en los próximos dos años.

Las tres escuelas, donde están escolarizados cerca de 25 refugiados o hijos de refugiados, fueron beneficiadas con equipamiento para hasta 300 jugadores que incluye pelotas para diferentes deportes, chalecos, gorras, camisas y tiza.

Para el presidente del COI, Jacques Rogge, citado en un comunicado, esta medida posibilitará a muchos jóvenes "experimentar la alegría del deporte" ya que "merecen vivir como otros jóvenes del mundo: jugando y aprendiendo".

Más paquetes similares serán distribuidos en un total de 20 lugares de África, Asia y Suramérica escogidos por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El director de la escuela donde se celebró el acto simbólico de entrega, Sergio Roberto Hing, es casualmente nieto de un refugiado chino llegado a Brasil durante la Primera Guerra Mundial.

Hing explicó a Efe que contar con la presencia de niños de familias refugiadas "no es difícil" y que aunque "a veces hay diferencias culturales, al cabo de poco tiempo solo se les distingue del resto por tener un acento diferente".

"Los niños se acostumbran muy rápido al nuevo entorno, el trabajo con los padres es algo más complicado porque en muchos casos han sufrido experiencias muy violentas en sus países de origen", afirmó.

Desde ACNUR señalaron que el deporte desempeña un papel importante para disminuir la tensión y el miedo entre personas que viven en campos de refugiados, donde también se llevará a cabo este proyecto.

Según datos de la ONU, en Brasil viven cerca de 4.600 refugiados de más de 70 países, 2.000 de ellos en Río de Janeiro, donde son atendidos por Cáritas Arquidiocesana.

El padre Manuel Mannangão, presidente de Cáritas a nivel regional, dijo a Efe que la función de su organización consiste en buscar escuelas para los hijos de los refugiados, hallar dónde hospedar a las familias y ofrecerles asesoramiento legal para regularizar su situación en Brasil.

Henrique Fontenelle, representante del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Río 2016, señaló que con esta iniciativa pretenden reducir desigualdades sociales, ayudar a los niños a estudiar, e imbuirlos en el movimiento y el espíritu olímpico.