El escritor argentino Leopoldo Brizuela afirmó en Panamá que con la obtención del Premio Alfaguara 2012 por su novela "Una misma noche" se ha renovado su inspiración y ha asumido los planes de nuevos proyectos literarios.

En una entrevista, Brizuela dijo a Efe que en lo personal atraviesa por una "buena época" en razón de que el Premio Alfaguara "organiza" y "tranquiliza".

"Le debo al premio una inspiración muy renovada, diría que como nunca, así que estoy muy ilusionado con poder volver a la vida sedentaria" y escribir, indicó Brizuela (La Plata, 1963).

El novelista argentino llegó este jueves a la ciudad de Panamá, procedente de Costa Rica, en la gira de presentación de la novela premiada por América Latina.

El autor, que también visitó Nicaragua, confesó que le "ilusiona" la idea de llegar a su casa después de una gira "tan larga" como esta y ponerse a escribir porque, dijo, "tengo muchísimas ganas".

Entre las obras que proyecta escribir, Brizuela señaló que hay una en la que ya trabaja, pero no adelantó detalles porque, según aseguró, "por cábala no se dice".

Sin embargo, habló con entusiasmo de lo que dijo es un manual o una especie de libro de "introducción a los grandes temas de la escritura", que es algo que "interesa mucho".

"Después de muchos años de dar clases estoy trabajando un libro que puede servir para acercarse a los elementos básicos de la literatura", añadió Brizuela.

El escritor argentino también habló de su novela premiada, en la que el personaje central, Leonardo Bazán, rememora hechos relacionados con la dictadura argentina a partir del asalto a una casa vecina por una banda del crimen organizado.

Brizuela indicó que los protagonistas de "Una misma noche" son ficticios, pero están enmarcados en una "historia concreta", en una "historia verdadera" de la dictadura argentina (1976-1983).

Aun así, el narrador, poeta y traductor argentino aclaró que no escribió una novela sobre la dictadura, sino una obra en la cual la dictadura es el "telón de fondo" porque, recalcó, fue el telón de fondo de toda su adolescencia y el principio de su juventud.

Explicó que en esta obra trabajó una estructura y una forma de narrar que nunca antes la había llevado a la práctica.

"Mi experimento era que en la medida que escribiera la historia de este personaje iba incorporando las cosas que iban pasando en la historia inmediata, eso no lo había hecho jamás, al contrario, mis libros anteriores eran más bien sobre el pasado", agregó.

Bazán, el protagonista, que vive aterrado de que su padre como marino del centro de torturas que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), hubiera colaborado con la dictadura, recuerda repetidamente una misma escena cada vez de manera distinta y a partir de cosas que pasaban mientras Brizuela escribía el texto.

"De pronto se abría un archivo de la época de la dictadura y se decía quiénes eran los espías, y bueno, eso lo incorporaba como dato y me gustó mucho hacerlo", afirmó el autor.

En la novela aparece Diana Kuperman, una "simple empleada" judía, sin militancia subversiva alguna, de la empresa Papel Prensa de la familia Graiver, que fue vinculada por los militares a los Montoneros.

Recordó que la dictadura implicó a los Graiver con los Montoneros "para tapar de alguna manera la forma como se los despojó de la empresa Papel Prensa que abastecía de papel a todos los diarios".

A los Graiver se les torturó para que entregaran la empresa, que fue la manera como la dictadura también controló la prensa, afirmó el novelista.

Brizuela señaló que este personaje de la empleada judía no es la típica protagonista de los relatos de la dictadura, y que le gustaba porque al ser secuestrada por la inteligencia militar, no tenía idea de la existencia de este horror que sí pudiera intuir un militante.

"La mirada virgen de esta mujer respecto al horror me interesaba mucho", resaltó.

La novela, cuyos capítulos están identificados con las letras del abecedario, termina con uno en el que no hay nada escrito y solo aparece un fondo negro que, según Brizuela, representa lo indecible del horror y el silencio de no poder contarlo.

El autor señaló que lejos de que esto pueda ser interpretado como el hundimiento en un fondo existencial negro, refleja, más bien, la actividad poética en sí, en la que se empieza un poema o una novela con la idea de poder decirlo todo y, "al final, se encuentra con que siempre hay un silencio ahí".

"Puede ser muy frustrante eso que uno no llegó a decir, pero también es muy esperanzador, porque de ese silencio, seguramente, sale la próxima obra", señaló.

Fabio Agrana