Woody Allen continúa con su exitosa gira europea y ahora recala en Roma, con un filme más inocente que "Scoop", menos fresco que "Vicky Cristina Barcelona" y con muy poca de la magia de "Midnight in Paris". Eso sí, el neoyorquino demuestra que como promotor turístico no tiene precio.

"To Rome with love", que se estrena mañana en España, es una oda al encanto de Roma con cuatro historias que se desarrollan en paralelo y que recrean algunos de los estereotipos más conocidos de los italianos.

Roberto Benigni es un hombre anónimo al que, de repente y sin razón, persiguen los paparazzi más insistentes, los italianos. Jesse Eisenberg un estadounidense atrapado entre la belleza de Roma y la de la mejor amiga de su novia.

Una prostituta con el carácter explosivo de una italiana de armas tomar -Penélope Cruz- se hace pasar por la mujer de un joven apocado que busca impresionar a sus tíos.

Y Woody Allen se reserva un papel de neurótico -como no podía ser de otra manera-, en esta ocasión obsesionado por la calidad vocal de su futuro consuegro, que solo logra cantar ópera como los ángeles cuando está bajo la ducha.

Con todo ello, el realizador construye una película irregular, entretenida a ratos y muy previsible, con la que se pasea con maestría por las recoletas callejuelas romanas.

Un escenario de lo más agradecido, perfecto para cualquier historia y más aún para los enredos que Allen plantea en este proyecto y que le permiten saltar de los Foros a la plaza del Capitolio, pasando por lugares tan turísticos como el Trastevere o la plaza de España.

Paisajes conocidos por todos y que Allen plasma con elegancia, al igual que ha hecho en sus últimos trabajos, todos ellos rodados en Europa.

Porque en los últimos años y con la excepción de "Whatever works" ("Si la cosa funciona") el realizador ha dejado su adorado Nueva York para centrar sus historias -la procedencia de la financiación obliga- en algunas de las principales capitales europeas.

Su gira por el viejo continente comenzó con "Match Point". Pasó de Nueva York a Londres para una historia de enredos típica en su filmografía pero con un giro hacia lo negro, que protagonizaron Scarlett Johansson y Jonathan Rhys Meyers.

Johansson repitió, al lado de Hugh Jackman en la más divertida "Scoop", también en Londres, al igual que "El sueño de Casandra", la más desafortunada de sus incursiones en tierras británicas, con Ewan McGregor y Colin Farrell en una historia de hermanos, robos y locuras.

Pese a declarar haberse enamorado de Londres, el realizador de "Hannah y sus hermanas" viajó a Barcelona para su siguiente proyecto, una película que volvió a protagonizar Scarlett Johansson, pero que sirvió para que Penélope Cruz lograra su primer y único Óscar hasta el momento, como mejor actriz secundaria.

En "Vicky Cristina Barcelona", la madrileña sacaba todo su carácter en una complicada y exagerada relación a tres bandas con Johansson y con el que ahora es su marido, Javier Bardem.

Y aunque aseguró estar encantado en Barcelona, el realizador regresó a su Nueva York natal para una breve incursión y desde ahí regresar al viejo continente, a París, al actual y al de la "Belle Époque".

El resultado, una historia mágica en la que Owen Wilson se mostraba como el sustituto perfecto del Allen actor y en la que una larga lista de secundarios -Marion Cotillard, Adrien Brody, Kathy Bates o Carla Bruni, entre otros- contribuyeron a encantar al público.

La taquilla más alta de su carrera fue lo que logró Woody Allen con "Midnight in Paris", filme por el que ganó el cuarto Óscar de su carrera, en esta ocasión al mejor guion original.

Y de París a Roma, a la ciudad eterna, otro escenario mágico en el que el realizador busca lograr el éxito de su anterior proyecto, al menos en Europa donde sus seguidores se muestran más fieles que en Estados Unidos.

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Alicia García de Francisco