Los italianos hacen frente a la crisis mediante el retorno a la sociedad tradicional, la familia, que protege, une y recoge a los más afectados por el azote económico, mientras que la gente que vive sola busca construir relaciones humanas y compartir sus miedos y soledades.

La "mamma" (madre) continúa siendo la columna vertebral de la sociedad italiana y en tiempos de crisis activa todos los resortes familiares para que no falte de nada a sus cachorros, quienes uno de cada tres vive con sus padres a causa de los pésimos vientos que soplan en Europa.

"La crisis ha activado la red de protección familiar característica de la identidad nacional", asegura la organización agrícola Coldiretti en su informe presentado hoy "Crisis: vivir juntos, vivir mejor", en el que asegura que el 31 por ciento de los italianos viven con ese pilar fundamental de la sociedad de Italia: la "mamma".

Además, sostiene la organización, otro 42,3 por ciento de los italianos tienen a su madre que vive a un máximo de 30 minutos de su casa y más de la mitad de los italianos, el 54 por ciento, mantienen a sus parientes más estrechos viviendo en las proximidades de su hogar, a un máximo de media hora a pie.

Esta necesidad de vecindad concierne no solo a los más jóvenes de 18 a 29 años (60,7 % viven con su madre y el 26,4 % en las cercanías), sino también a los de edades comprendidas entre 30 y 45 años (25,3 % con su madre y el 42,5 % cerca) y a los de edad comprendidas entre 45 y 64 años (11,8 % con su madre) y quienes el 58,5 por ciento vive en su proximidad.

"A menudo la estructura de la familia italiana en general, y aquella agrícola en particular, es considerada superada mientras se ha demostrado, en los hechos, que es fundamental para evitar que caigan en la crisis muchísimos ciudadanos", dice el presidente de la Coldiretti, Sergio Marini.

Marini subraya que la solidaridad entre generaciones sobre la que se basa la empresa familiar italiana es un modelo convincente "para vivir y estar bien juntos y no es un síntoma de retraso social y cultural como muchos se obstinan en afirmar".

Según la Coldiretti, otro 85 por ciento de los italianos continúan haciendo la compra alimentaria debajo de casa, frecuentemente en los pequeños y muchas veces poco económicas tiendas del barrio que desarrollan un rol relevante en relación con los ciudadanos.

El deseo de construir relaciones humanas y de compartir miedos, deseos o esperanzas son más importantes que la cuenta económica para una gran número de ciudadanos, mantiene el estudio.

El creciente deseo de hacer comunidad ha sido advertido sobre todo en las personas que viven solas, que en Italia son ya 7,4 millones y han aumentado en un 24 por ciento entre 2006 y 2011.

Según la organización, el momento de hacer la compra es el más importante para hablar y estrechar relaciones en el pueblo o en el barrio y supera además las actividades espirituales, la visita médica, la escuela para hijos o nietos, y los cuidados del cuerpo (gimnasia y piscinas).

Esta es la actividad que los italianos desarrollan dentro de un radio breve que se puede recorrer a pie en un máximo de 20 minutos, mientras otras actividades, como el trabajo, pertenecen a otro sector y se desarrollan en un radio mas amplio de distancia.

Por tanto, la reducción significativa de los negocios tradicionales determina evidentes efectos negativos ligados a la reducción de los servicios de proximidad y también a una debilidad del sistema de relaciones y de la estructura social, señala Marini.

Así, volver a la casa familiar, encontrarse con los parientes y acudir al comedor al grito de "todos a la mesa", entre llamadas y mensajes de teléfonos móviles, es la forma en que los italianos hacen frente a los desagradables sorpresas que presenta la recesión.

Vuelven los ritos familiares, se renuncia a los restaurantes costosos, pero encontrarse con los amigos debajo de casa para tomarse el económico aperitivo antes de anochecer gusta a 16 millones de italianos.

Y es que la comida y el vino, para el 57 por ciento de los italianos, caracterizan más al territorio que el dialecto, es la victoria de lo local sobre lo global en un país donde 21 millones de italianos declaran preparar en casa el pan, el helado, las conservas y el yogur.

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Por Carmen Postigo