Salman Rushdie asegura que las amenazas más recientes contra su vida son habladurías.

"Se trata esencialmente de un sacerdote en Irán que busca aparecer en un titular" de prensa, dijo el autor de "Los versos satánicos" el martes por la noche mientras hablaba en una librería Barnes & Noble de Manhattan ante unas 400 personas, algunas de las cuales eran niños cuando el ayatolá Jomeini de Irán declaró en 1989 que su novela era blasfema y ordenó su muerte.

Desde entonces, el gobierno de Irán se ha distanciado de la fetua, o decreto religioso, de Jomeini, pero el odio contra Rushdie se mantiene. Una fundación religiosa semioficial iraní encabezada por el ayatolá Hassan Saneii ha incrementado la recompensa por Rushdie de 2,8 millones de dólares a 3,3 millones tras una reciente protesta contra una película antiislámica que provocó los disturbios en el Medio Oriente. Pero Rushdie, quien calificó la película como "el peor video en YouTube", dijo que Saneii desde hace tiempo ofrece una recompensa y que pocos lo toman en serio.

Rushdie dijo que las amenazas eran sólo el más reciente producto de la "industria del escándalo" y agregó que "no existe evidencia" de que haya gente interesada en la recompensa. Su preocupación habían sido escuadrones de muerte sancionados por el estado, "asesinos profesionales". Pero sus días de vivir oculto han quedado en el pasado y desde hace tiempo camina libremente por las calles, hace sus compras en el supermercado y cumple ese antiguo ritual de los escritores: las lecturas públicas.

Rushdie discutía sus memorias sobre la fetua, "Joseph Anton", que acaba de publicar en medio de elogios y alentadoras ventas. Agentes de seguridad estuvieron presentes el martes en Barnes & Noble, pero las precauciones fueron modestas y el único contratiempo fue una lluvia torrencial.

Con un traje gris sin corbata, el autor de 65 años se mostró aliviado, satisfecho y en casa. Esta fue una historia con un final feliz, dijo, aunque sólo le gustaría revivirla en papel. "Joseph Anton" sigue los abruptos giros en su vida y su carrera, desde su rápido ascenso a principios de los 80 con su celebrado libro "Hijos de la medianoche" hasta su repentina fama con las intensas objeciones contra "Los versos satánicos", desde manifestaciones hasta sanciones del gobierno. El título del libro es el seudónimo que Rushdie usó durante su década escondido. Anton por Anton Chekhov, el "poeta de la soledad", y "Joseph" por Joseph Conrad, quien escribió un lema que Rushdie intentó seguir: "Debo vivir hasta que muera".

Rushdie lo logró, pero recordó a otros que casi no lo logran, como el editor noruego de la novela que recibió tres disparos en la espalda. Ese editor no sólo se recuperó, apuntó Rushdie, sino que se aseguró de encargar más ejemplares del libro.

Rushdie también le agradeció a amigos leales como Christopher Hitchens y las muchas librerías en Estados Unidos que continuaron vendiendo su novela pese a las amenazas de bomba y bombas de verdad. "Era una guerra declarada", dijo.

Como escribe en "Joseph Anton", conoció lo mejor y lo peor de la gente. Recuerda que fue criticado por conservadores e incluso por algunos liberales por buscarse sus propios problemas. Dos matrimonios terminaron durante su década en clandestinidad y las editoriales fueron reacias a publicar la edición de bolsillo de "Los versos satánicos", que llegó a ser un best-seller por razones que Rushdie jamás imaginó o deseó.

"Eviten ser condenados a muerte por el líder de un país déspota", le aconsejó al público el martes.

La fetua convirtió su vida en una novela de género. Rushdie habló de tener policías armados en la cocina, gente con "licencia para matar". Describió cómo en París agentes de seguridad despejaron las calles para que un auto en el que viajaba pudiera pasar mientras él veía a los bebedores y fumadores de un café tratando de enterarse quién causaba tanto revuelo, deseoso de estar del otro lado de la ventana, con ellos.

Rushdie se dijo orgulloso del libro y de su lucha por la libertad más preciosa: la libertad de expresión. El terrorismo es en realidad el arte del miedo, explicó. "La única forma de derrotarlo es decidiendo no temerle".