Unas islas chilenas con una variedad de fauna y flora proporcionalmente mucho más rica que la de las Galápagos sufrirán la extinción de más de un centenar de plantas y aves si no se destinan a la brevedad cuantiosos recursos económicos y humanos para restablecer el frágil ecosistema del archipiélago de Juan Fernández, amenazado por especies llegadas desde América y Europa.

El archipiélago posee 137 especies de plantas endémicas, que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo, y 49 están "en peligro crítico", al igual que tres especies de aves y cuatro subespecies, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Ocho plantas ya desaparecieron, convirtiendo este archipiélago en la región chilena con la mayor tasa de extinción.

El contacto humano con estas islas empezó hace cuatro siglos con marinos aventureros, piratas, presos políticos y la fundación del pueblo San Juan Bautista hace dos siglos en Robinson Crusoe, la única habitada.

Las otras dos islas, Alejandro Selkirk y Santa Clara, fueron invadidas por cabras, conejos, ratas, ratones y el coatí, una especie de mapache carnívoro, que generaron el inicio de la declinación de la flora y fauna locales. Los bosques están fragmentados y su regeneración es cada día más difícil por causa del pastoreo excesivo, el pisoteo de los animales herbívoros, la invasión de los terrenos por las especies foráneas y la degradación del suelo.

"Robinson Crusoe y Alejandro Selkirk son un ejemplo de manual de cómo deteriorar un ecosistema", afirmó a The Associated Press el profesor de la Universidad de Chile Cristián Estades.

En un acantilado de la isla Alejandro Selkirk está el único ejemplar sobreviviente de la dendroseris gigantea, un árbol cuyo tronco de 20 centímetros crece enroscado, con hojas grandes, largas y anchas, mientras en Robinson Crusoe sólo quedan dos dendroseris neriifolia, un árbol de hojas caídas y pequeñas flores. Ambos fueron aniquilados por las cabras introducidas en el siglo XVI por los españoles en el archipiélago, para tener comida de reserva en sus futuros viajes.

Entre las aves que pueden desaparecer está el Picaflor Rojo de Juan Fernández, cuya población oscila entre 1.000 y 3.000 ejemplares y sólo vive en Robinson Crusoe. Enfrenta la constante merma de su comida --pequeños insectos y néctar de flores-- porque las plantas exóticas invasivas se introdujeron en el bosque nativo, lo que los obligó a descender al pueblo, donde son fácil presa de los gatos domésticos y salvajes.

Las plantas más dañinas son la zarzamora, traída de Europa y el norte de Africa hace siglos, el árbol de maqui y el arbusto de murtilla llevados de territorio continental chileno.

Más grave es la situación del Rayadito de Masafuera, en la isla Alejandro Selkirk, del que no hay más de 550 ejemplares, cuyos nidos --que instalan en pequeñas cavidades de árboles maduros-- escasean por culpa de la flora depredadora, explicó Estades. En la isla Santa Clara sufre la Fardela Blanca, un ave marina que llega una vez al año a nidificar a nivel del suelo para reproducirse, pero se encuentra con la competencia de los conejos que ocupan sus nidos, y con ratas que se comen sus huevos.

Dineros provenientes de los Países Bajos permitieron erradicar en el 2003 los conejos y aumentar la población de Fardelas, pero los fondos se acabaron.

Si el marino inglés Robinson Crusoe, el protagonista del libro del británico Daniel Defoe del mismo nombre, volviera aquí echaría de menos muchas plantas y extrañaría el fuerte cantar de los picaflores.

La famosa novela "Robinson Crusoe" llevó al gobierno a bautizar en 1966 como Robinson Crusoe a esta isla llamada de Más a Tierra, y como Alejandro Selkirk la isla de Más Afuera.

Las tres islas suman 9.966 hectáreas, 99,6 kilómetros cuadrados y en conjunto son 61 veces más ricas en plantas endémicas por kilómetro cuadrado y 13 veces más ricas en aves endémicas que las famosas islas Galápagos, según la ONG Island Conservation.

El 96% del territorio del archipiélago, cuyo ecosistema es uno de los más frágiles del mundo, fue declarado Parque Nacional de Chile en 1935 y Reserva de la Biósfera en 1977 por la Unesco, pero eso no alteró el negro destino que espera a las especies en peligro si no hay una intervención decidida, rápida y masiva.

La labor de la ONG Island Conservation; de Oikonos, expertos en ecosistemas de islas remotas, ecologistas isleños y de algunas entidades locales como la Corporación Nacional de Fomento, Conaf, han logrado lentamente crear conciencia en la población sobre el lugar único en que viven, que se comprometa a esterilizar a los gatos domésticos aun no operados. Pero muchos más felinos crecieron salvajes, se multiplican sin control y disfrutan comerse los picaflores.

"El Picaflor de Juan Fernández tiene un comportamiento que no demuestra ningún miedo evolucionario. Ellos evolucionaron un millón de años en esta isla y solamente los últimos 200 años ha tenido al depredador presente", dijo a la AP Erin Hagen, ornitóloga y ecologista estadounidense de Island Conservation.

"Hay mucho interés y preocupación por las especies de este lugar, pero eso no necesariamente se transforma en muchos fondos", agregó Hagen.

El gobierno desarrolla un proyecto de cuatro años, con una inversión nacional y extranjera de 12 millones de dólares para controlar el colapso del archipiélago, mientras Island Conservation delineó un detallado programa a ocho años, con gastos por entre 15 a 20 millones de dólares, más costos fijos, para salvar este mundo único de aves y plantas.

Leonel Sierralta, Jefe de la División de Recursos Naturales del Ministerio del Medio Ambiente, precisó a la AP que el gobierno trabaja en tres líneas: creó un Parque Nacional, confeccionó el año pasado un listado de las especies endémicas divididas según su estado de peligro, la instalación a corto plazo de una barrera que impida la introducción de más especies depredadoras en el archipiélago, además de la sanción de leyes y protocolos que permitan proteger la biodiversidad.

El ingeniero forestal Iván Leiva, jefe de la unidad Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández, dependiente de Conaf, clama por más recursos financieros y humanos para poder rescatar lo que queda de este paraíso de biodiversidad, distante 670 kilómetros al este de las costas chilenas.

En su oficina rodeada de viveros artesanales y pequeñas áreas de jardines donde, con la colaboración de científicos chilenos y extranjeros, hace grandes esfuerzos por evitar la extinción de plantas como la Gigantea y la Neriifolia, declaró a la AP que el actual aporte económico del Estado chileno "es insuficiente, sin duda".

"Son poquísimos, poquísimos recursos. Hoy son para mantener los recursos básicos...el problema está creciendo y nos está abatiendo" comentó apesadumbrado.

En la oficina de Conaf, Leiva y sus ocho guardaparques echaron sobre sus hombros el enorme peso de salvar al menos a dos plantas endémicas cada uno: las vigilan, están atentos a su período de floración y a cualquier nueva adversidad que las pueda surgir.

Rescataron el único ejemplar de la Dendroseris Gigantea, vigilándola durante mucho tiempo hasta que establecieron su período de floración, bajaron al lugar y recogieron las semillas, proceso que repitieron varias veces hasta que obtuvieron semillas viables, que tras muchos cuidados y estudios, hicieron germinar en los rudimentarios viveros. Hoy tienen 50 individuos, 15 de ellos los plantaron alrededor del individuo madre.

"Si hoy no tomamos una decisión y acción fuertes el Estado, el gobierno y los organismos internacionales, perderemos el ecosistema", sentenció Leiva.

Es imposible salvar especies únicas en el planeta virtualmente a pulso y con tan pocas personas. Si no crecen exponencialmente los recursos económicos y humanos para frenar a los depredadores, las futuras generaciones sólo conocerán imágenes de las especies endémicas de Juan Fernández.

Al acercarse a la isla por mar se observan algunas laderas sin vegetación, claros en los bosques nativos y los especialistas advierten de la degradación del suelo. En el pasado contribuyeron a este colapso la tala, los incendios intencionales y la deforestación para la agricultura. Hoy los responsables son la fauna y flora exótica invasiva.

Las soluciones propuestas para salvar la fauna y flora únicas del archipiélago varían considerablemente. Juan Carlos Ordenes Hills, profesor de historia y geografía, favorece una intervención radical que se traduzca en sacar de raíz las plantas invasoras y no permitir los animales peligrosos para las aves endémicas. Con un grupo de alumnos dedica tiempo a erradicar la zarzamora que se observa por todas partes en el pueblo.

Sierralta favorece la prevención: "La erradicación es un procedimiento interesante, complejo, pero muy caro, por eso es mejor la prevención".

Consultado si no es demasiado tarde para las especies endémicas, respondió que "a nivel mundial debiéramos haber tenido esa preocupación (de la barrera) hace cientos de años". Sierralta añadió que también se estudia "un proyecto piloto de erradicación de especies exóticas invasoras".

Hugo Arnal, director regional para el Cono Sur de Island Conservation, declaró a la AP que la única manera de frenar este desastre ecológico es con la erradicación de las especies foráneas invasoras, "lo que significa remover todos los individuos de la especie invasora, de manera que no puedan volver a repoblar la isla".

Island Conservation favorece el uso de tóxicos específicos para especies invasoras, y la erradicación, "que significa remover todos los individuos de la especie invasora de la isla, de manera que no pueda volver a repoblar la isla", dijo Arnal.

Recordó que países líderes en estrategias de conservación, como Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Francia, Canadá y otros, comparten el principio de la erradicación total de las especies invasoras, que en algunos casos incluye matar a los depredadores.

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Eva Vergara está en Twitter como http://twitter.com/evergaraap