Unas 14.000 hectáreas de pastizales y bosques han sido arrasados en Ecuador por voraces incendios, muchos de ellos provocados por el hombre, que han puesto a prueba sistemas de alta tecnología en mitigación de riesgos y la voluntad de miles de bomberos, soldados, policías y pobladores.

Hoy llegarán a Ecuador dos helicópteros venezolanos, que se unirán a uno colombiano que ya colabora para apagar los fuegos, mientras que Costa Rica y Brasil también han prometido enviar equipos, según dijo a Efe un portavoz de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR).

En Quito y sus alrededores, la zona más afectada por los flagelos, más de 2.000 incendios, avivados por la sequía, han quemado más de 2.000 hectáreas.

Uno de ellos ardía ayer en la zona de Chiriboga, al suroeste de la capital, donde las llamas han arrasado más de 300 hectáreas de pastizales y bosques.

Para combatirlo, una patrulla de 22 bomberos de la provincia costera de Guayas salió de la Escuela de Formación de Bomberos, en el sur de Quito, hasta el poblado de San Juan de Chillogallo.

Desde la carretera se puede divisar el humo que sale de una ladera empinada y totalmente gris, tras dos días de fuego, mientras un helicóptero en vuelo bajo descarga agua.

En la parte alta de la ladera los bomberos se forman y equipan con cascos, guantes, machete y mucho valor y entusiasmo para bajar la pendiente e ir al foco del incendio, en una quebrada de "unos 80 grados" de inclinación, comentó a Efe el capitán Romel Mariscal, quien comanda la unidad.

El trabajo es escudriñar palmo a palmo el terreno y sofocar todo vestigio de fuego, el cual ha sido combatido por los propios bomberos durante dos días y por oficiales del Municipio, que han montado guardia para vigilar que el incendio no se reavive.

El subteniente Ochoa, del cuerpo de seguridad del Municipio, señaló a Efe que la tarea es "difícil", porque hay que luchar contra "el calor que parece un infierno", el humo "que ahoga y quema los pulmones" y la empinada pendiente, que parece una pared al momento de regresar.

Después de varias horas, los bomberos empiezan a salir de la zona incendiada, exhaustos y algunos con síntomas de asfixia, pero dispuestos a volver si así se ordena.

Por suerte, el incendio de Chiriboga ha sido "controlado", según Mariscal, quien admitió que a su personal, que viene de la costa, le afectó un poco la altitud, dado que Quito se sitúa a 2.800 metros sobre el nivel del mar, y lo empinado de la ladera.

"Nuestra misión es apagar el fuego totalmente con los elementos que se pueden utilizar para este tipo de terrenos, esencialmente el machete", afirmó el líder de la patrulla, que es jefe de Bomberos en la localidad de Jujan.

Los pobladores de San Juan de Chillogallo también apoyaron las labores de mitigación del incendio, que no se había visto antes por esas tierras de páramos, según contó María Clementina, una mujer de 60 años que vende alimentos en su pequeña casa de la localidad.

"Ni cuando explotó el (volcán) Guagua Pichincha (en 1992) se vio algo parecido", dijo Clementina.

"Ojalá llueva pronto, para que se apague el fuego y podamos producir la tierra, que es de lo que vivimos por acá", añadió.

Su deseo puede hacerse realidad, según el Instituto de Meteorología e Hidrología (Inamhi), que anticipó lloviznas en la zona andina y la llegada de la época de lluvias de forma paulatina, que podrá fin a una sequía que dura ya más de dos meses.

Mientras tanto, el Ayuntamiento de Quito mantiene la declaración de situación de emergencia, mientras que la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) ha colocado en alerta naranja (precaución) a nueve provincias de la sierra andina y la costa.

En el Comité de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), de la SNGR, en el norte de la capital, un conjunto de pantallas de información por internet vigilan la situación en todo el país en tiempo real las 24 horas al día.

Operadores especializados interpretan las imágenes proporcionadas por satélite no sólo de los incendios, sino de seísmos, erupciones volcánicas e inundaciones.

Desde ese centro se han coordinado las operaciones conjuntas de bomberos, policías, soldados y oficiales del cuerpo de seguridad del Municipio Metropolitano de la ciudad.