La presidenta del Gobierno de Navarra (España), Yolanda Barcina, y el de la entidad financiera española Caixabank, Isidro Fainé, fueron investidos hoy doctores 'honoris causa' de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL), de Lima, por "su carácter emprendedor" en sus respectivos campos profesionales.

A la ceremonia encabezada por el presidente fundador de este centro académico privado, Raúl Díez Canseco, también asistió el embajador de España en Perú, Juan Carlos Sánchez, y se recordó a otras personalidades que recibieron la misma distinción, como el expresidente del Gobierno de España José María Aznar.

La Universidad San Ignacio de Loyola otorgó su doctorado 'honoris causa' a Yolanda Barcina por ser "la primera mujer que ocupó la alcaldía de Pamplona y posteriormente la presidencia de Navarra con una continuada defensa de los valores democráticos y de la inversión en educación y cultura".

Al agradecer la distinción, la presidenta de Navarra defendió el emprendimiento basado en la innovación como la clave para afrontar la crisis actual, "que requiere soluciones nuevas a los problemas nuevos de un mundo en constante cambio", según dijo.

"El emprendimiento multiplica la riqueza, genera empleo y aumenta la calidad de nuestra democracia, pero los políticos, además de incentivarla, debemos recuperar la política de la verdad para volver a tener la confianza del ciudadano a través de la austeridad, la responsabilidad, el compromiso y la honradez", aseguró.

Barcina indicó que Navarra invierte en innovación el 1,97 % de su Producto Interior Bruto (PIB), lo que le sitúa por encima de la media española, fijada en el 1,39 %.

Isidro Fainé, en su turno, recibió la distinción de la universidad limeña "por su gran liderazgo y su carácter emprendedor para consolidar uno de los grupos empresariales más sólidos de España y dirigir una de las entidades financieras más importantes del mundo", según el vicerrector académico de la universidad, Henry Barclay.

El presidente de Caixabank se preguntó si la innovación puede servir como fuente inacabable de ventaja competitiva y destacó la inutilidad del conocimiento si éste no se aplica a la realidad de una "globalización imparable que pide adaptarse a los patrones internacionales para no extinguirse".

Para ello, apuntó, el emprendedor del siglo XXI necesita un "gran liderazgo para acometer proyectos razonables con un marcado sentido realista, bajo una buena imagen, reputación y marca", pero sin olvidarse nunca "de la pasión por el cliente, la calidad del servicio y la atención de las prioridades".