La Policía australiana acusó hoy por alteración del orden público y asalto contra la policía a seis de los detenidos ayer en Sídney durante los disturbios que siguieron a la protesta contra por el vídeo del profeta Mahoma.

La Policía ha abierto una investigación en la que examina imágenes de los medios de comunicación y de cámaras de seguridad con la intención de identificar a los responsables de la violencia y practicar más detenciones.

"Tenemos mucho material para examinar y puedo garantizar que aquellos extremistas que causaron estos problemas se unirán a los que ya han sido imputados, dijo el Comisionado de la Policía del Estado de Nueva Gales del Sur, Andrew Scipione.

"También tengo que advertir a aquellos que puedan estar pensando en repetir estos incidentes de que estamos preparados y que deberán asumir las consecuencias", añadió Scipione.

El juez denegó la libertad bajo fianza a uno de los detenidos, que fueron imputados por diversos cargos de alteración del orden público, asalto contra la policía y maltrato animal contra perros de la policía.

Varios centenares de manifestantes, entre ellos mujeres y niños, participaron en la protesta que empezó cerca del consulado de EEUU en Sídney y, tras el inicio de los disturbios, se propagó por varias calles del centro de la ciudad.

Los manifestantes respondieron con el lanzamiento de objetos y levantando barricadas al uso de gases lacrimógenos y perros por parte de la Policía en su intento por bloquear la marcha, lo que causó varios heridos graves que tuvieron que ser atendidos por los servicios médicos.

Representantes de la comunidad musulmana de Australia condenaron la violencia y se declararon avergonzados por los incidentes.

"Los responsables por el estallido de la violencia van en contra de la tradición islámica. El resto de la comunidad está indignada y sinceramente esperamos que esto no dañe las relaciones entre la comunidad musulmana de Australia y el resto de la sociedad australiana", dijo la abogada Mariam Veiszadeh a la cadena ABC.

"No hay duda de que estos problemas fueron causados por relativamente pocos que traicionaron a aquellos que buscaban expresar sus puntos de vista de una manera pacífica y considerada", indicó Scipione que agradeció la condena a la violencia de los portavoces de la comunidad musulmana.

La primera ministra de Australia, Julia Gillard, calificó los incidentes de "vergonzosos" y dijo que "no quiero ver en manos de nadie, sobretodo de niños, mensajes ofensivos que llaman a matar a otros", en referencia a carteles de los manifestantes que instaban a "decapitar a todos los que insulten al profeta".