La vulnerabilidad de las economías de América Latina a impactos financieros exteriores ha aumentado recientemente ya que los fundamentos macroeconómicos se han debilitado desde 2007.

Así lo destaca el Banco de Pagos Internacionales (BPI) en su último informe trimestral de septiembre, publicado hoy, en el que analiza la situación económica y financiera mundial desde mediados de junio hasta mediados de septiembre.

El BPI reconoce que "la reciente crisis financiera afectó al crecimiento del crédito en América Latina en menor medida que crisis anteriores".

Ahora, los mercados de capital internacionales han mostrado, una vez más, señales de más tensión por los acontecimientos en la zona del euro.

"Los actuales datos indican que los fundamentos macroeconómicos en Latinoamérica, aunque todavía son fuertes, se han debilitado desde 2007", según el BPI, cuya sede central está en la ciudad suiza de Basilea.

Es especialmente preocupante el deterioro fiscal y en la balanza de pagos por cuenta corriente.

El BPI considera que los gobiernos en Latinoamérica "podrían ayudar a reducir la vulnerabilidad fortaleciendo sus balances fiscales e implementando reformas que mejoren la competitividad de sus sectores no relacionados con las materias primas".

"Estos esfuerzos producirían una gran ganancia en términos de estabilidad financiera y económica si se materializa otro impacto severo externo en un futuro a medio plazo cercano", según el BPI.

La crisis financiera global de los años 2007-2009 transtornó la provisión de crédito en Latinoamérica menos que en crisis anteriores.

"Algunas condiciones macroeconómicas claves contribuyeron a la mayor resistencia del crédito real en América Latina durante este episodio", recuerda el BPI.

Los países en América Latina consolidaron su fortaleza macroeconómica en los años anteriores a la crisis financiera global.

Las economías latinoamericanas necesitaron sólo una media de entre cuatro y seis trimestres para recuperar la mitad de la caída del crédito entre 2007 y 2009, en comparación con la media de tres años en la mayoría de los países después de 1997-98.

No se produjeron crisis bancarias importantes en la región después de la financiera global de 2007-2009, en comparación con las ocurridas Brasil y Argentina en 1999 y 2001 respectivamente.

A ello contribuyó sobre todo que los ratios de deuda eran menores y una posición externa sólida, apostilló el BPI.

Las mejoras más importantes entre 1997 y 2007 fueron reducciones en los desajustes de divisas y en la financiación externa a corto plazo.

Las balanzas de pago por cuenta corriente pasaron de déficit a superávit o a tener déficit mucho menores en países como Colombia y México.

Los ratios de deuda externa mejoraron significativamente en la mayoría de los países con una drástica reducción en Brasil, Colombia, México y Perú.

Con la excepción de Argentina, las posiciones fiscales eran también significativamente más fuertes al comienzo de la crisis de 2007-2009 que antes de las crisis asiática y rusa, por lo que los gobiernos pudieron proporcionar estímulos fiscales mayores en el episodio más reciente.

Sin embargo, añade el BPI, "en la mayor parte de los casos los fundamentos macroeconómicos actuales se han deteriorado respecto a los de 2007" ya que la deuda externa y los desajustes de divisas han aumentado y los balances por cuenta corriente se han deteriorado.

Sólo la posición de liquidez externa, medida por la deuda externa a corto plazo como fracción de las reservas internacionales brutas, ha mejorado porque las economías han acumulado reservas.

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Arantxa Iñiguez