Pia Kjaersgaard, la "reina" de la derecha populista y xenófoba de Dinamarca, dejó hoy la presidencia del Partido Popular Danés (DF) tras 17 años en el cargo, en los que ha transformado la política de su país y se ha erigido en modelo para las corrientes ultraconservadoras de toda Escandinavia.

Partidos similares han obtenido más apoyo en las urnas en otros países, pero ninguno le ha sacado tanto rendimiento: con entre el 12 y el 14 % de los votos, Kjaersgaard hizo del DF la tercera fuerza política y el socio indispensable para sostener en el poder a la coalición liberal-conservadora durante una década.

Desde esa posición de fuerza, que ha ejercido cada vez que había que aprobar los presupuestos, ha obtenido más y más concesiones en una política de inmigración considerada como la más dura de la UE.

Su influencia ha sido tal que logró que todos las elecciones desde 1998 giraran en torno a la inmigración y con su discurso agresivo, centrado en los musulmanes, ha arrastrado a buena parte del arco político a la derecha, con la socialdemocracia a la cabeza.

Términos como "lo no danés", "daneses étnicos" o "inmigrantes de segunda y tercera generación" se han vuelto de uso común en el debate político debido a Kjaersgaard, considerada por algunos la política danesa más influyente de la última década.

Su ascendente se ha extendido al resto de Escandinavia, donde otros partidos la han señalado como el ejemplo a seguir, empezando por los Demócratas de Suecia, la ultraderecha sueca que volvió al Parlamento dos décadas después y por la que Kjærsgaard hizo campaña.

El discurso del DF no se diferencia del de otros partidos similares, con un cóctel de nacionalismo, xenofobia y populismo que le ha robado muchos votos a la socialdemocracia, pero con la particularidad de que fuera de Dinamarca ha optado por un perfil bajo, sin relacionarse con la ultraderecha europea.

A ello hay que añadir el talento y carisma de una mujer que trabajó en ayuda a domicilio y que sabe hablar el idioma de la gente común, conectando con una parte del electorado de un país muy homogéneo y poco permeable a la inmigración.

La derrota de la derecha en las elecciones del año pasado dejó al DF y a Kjaersgaard sin su papel de árbitro de la política danesa, a pesar de que su pérdida de votos fue mínima y de que mantiene su condición de tercera fuerza parlamentaria.

A sus 65 años, los últimos 34 en política, Kjaersgaard pronunció hoy en Herning, donde se celebra la asamblea anual del DF, su último discurso como presidenta del partido que fundó en 1995, aunque seguirá como "guardián" de sus valores y no dejará su escaño.

Su sustituto será Kristian Thulesen Dahl, hasta ahora portavoz en cuestiones económicas, quien ya ha advertido de que la línea política del Partido Popular Danés no se moverá un milímetro.