La ralentización del crecimiento de China, la segunda economía del planeta, coincide con el inicio en octubre del proceso de recambio de sus líderes para los próximos años, algo que añade incertidumbre a cómo se desarrollará la transición.

El mes próximo se celebrará el XVIII Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), donde el relevo generacional en la organización que dirige el país a su vez conllevará cambios en el Ejecutivo y el Legislativo, ya en 2013, que marcarán la política china para la próxima década.

En principio, el decisivo congreso no debería verse especialmente afectado por la coyuntura comercial y financiera del momento, en un país de economía planificada que inició el año pasado su XII Plan Quinquenal (2011-2015).

La situación económica puntual "no va a tener influencia" en la transición política, aseguró a Efe Liu Xia, alta funcionaria de la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo (CNRD), el principal órgano chino de planificación económica, de rango ministerial.

"El cambio en el Gobierno (en 2013) no afectará al desarrollo de la economía (...): la política de China es estable", declaró Liu, que dirige una división de inversión en el extranjero de la CNRD.

Sin embargo, la presión económica y social que supone el frenazo en el crecimiento se prolonga, mientras la inflación nacional aumentó un 2 % interanual en agosto, en buena medida por el encarecimiento de los alimentos (3,4 %).

Ese nivel de inflación podría disuadir a Pekín de adoptar medidas de estímulo, como recortar por tercera vez este año los tipos de interés o reducir de nuevo el porcentaje de fondos de reserva obligatorios de los bancos para reavivar el crédito.

En cualquier caso, China, que prevé que su producto interior bruto aumente un 7,5 % en 2012 (tras hacerlo un 9,3 % en 2011 y un 10,4 % en 2010), ha anunciado un nuevo paquete de inversión en infraestructuras, la misma receta que usó en 2008 para fomentar la demanda interna y crear empleo al estallar la crisis.

En 2013 el nuevo Gobierno podría seguir en esa línea (fomentar el crédito, rebajar los tipos, invertir en infraestructuras), pero "la transición en sí misma debería ir con normalidad", comentó a Efe Bala Ramasamy, jefe del Departamento de Economía y Ciencias de la Decisión de la escuela de negocios sino-europea CEIBS de Shanghái.

"La ralentización tampoco va a ser para tanto", opinó Erik Bethel, directivo de la inversora Sinolatin Capital: "siempre puede haber una catástrofe inesperada, pero para mí, crecer al 7,5 % no es el fin del mundo".

"No creo que el contexto económico sea determinante en el proceso sucesorio, a no ser que empeore de forma sensible, generando un malestar social insostenible", coincide con él Manel Ollé, profesor de Historia y Cultura de China Moderna y Contemporánea de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Otra cuestión es qué tipo de desarrollo buscará China, según quién se haga ahora con las riendas del Partido.

En las últimas décadas se ha combinado el modelo de los años noventa -el de la "facción de Shanghái" del expresidente Jiang Zemin, que aboga por un crecimiento sin límites basado en el mercado- con el actual, defendido por la llamada "facción de la Liga de la Juventud Comunista", base del poder del presidente Hu Jintao.

El modelo que encarna Hu busca seguir aumentando el crecimiento, pero con un papel importante de las grandes empresas estatales y con un corte mucho más social, que busca un mayor reparto de la riqueza entre la población y la extensión del desarrollo hacia el interior rural del país.

"Uno de los centros del debate gira alrededor del papel que pueda jugar en el futuro el sector estatal", indica Ollé: "ciertos análisis han apuntado a un reforzamiento y favorecimiento de las grandes corporaciones en detrimento de la iniciativa privada".

"Si el 'modelo de Cantón' de (su actual secretario del PCCh) Wang Yang tomara protagonismo", en la línea social de Hu, pero con más hincapié en la aplicación de la ley y los derechos civiles y laborales, así como una mayor adaptación a la economía de mercado global, "podría quizás cambiar esta tendencia de los últimos años", sostiene.

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José Álvarez Díaz