Cuatro años después de la caída de Lehman Brothers, el terremoto financiero que inauguró oficialmente la mayor crisis desde la Gran Depresión, sus efectos todavía se resienten en EEUU, un país que se vio obligado esta semana a lanzar una nueva ronda de estímulo para intentar despertar su economía.

"En estos cuatro años hemos puesto parches a la herida y tratado algunos síntomas, pero seguimos errando en el diagnóstico y mientras no seamos capaces de reconocer los problemas que nos llevaron a este punto seguiremos sufriendo los efectos de Lehman", advirtió hoy a Efe el profesor de la Universidad de Cornell Robert Hockett.

La Reserva Federal anunció esta semana una tercera inyección de liquidez en su economía a través de un programa de compra de títulos respaldados por hipotecas por 40.000 millones de dólares al mes que, si se suman a la llamada "Operación Twist", eleva el monto a 85.000 millones de dólares.

"Lanzar un nuevo plan de estímulo pone de manifiesto que EE.UU. no ha hecho los deberes, especialmente en materia de política fiscal", advirtió Hockett, quien culpó a un Congreso "bloqueado y disfuncional" de no ponerse de acuerdo para resolver el verdadero problema que afronta la economía estadounidense.

Al defender los nuevos estímulos, con los que espera "acelerar la recuperación", la Fed dibujó un panorama incierto tras reducir la proyección de crecimiento del PIB para el conjunto del año y admitir su "grave preocupación" por el mercado laboral en EE.UU., donde la tasa de desempleo lleva ya 43 meses consecutivos por encima del 8 %.

Para el experto, no se han aprendido las lecciones que dejó la caída de Lehman Brothers porque no basta con medidas monetarias para intentar que vuelva a despegar la primera economía del mundo, la solución "no va por ahí", ya que aunque ayudan a medio plazo, "a la larga hay que afrontar el problema fiscal".

El colapso, del que mañana se cumplen cuatro años, se gestó al calor de la burbuja inmobiliaria y, según Hockett, es "increíble" que se haya hecho "tan poco" para atajar ese problema, un "círculo vicioso" de retracción del consumo y freno de la economía "porque en vez de consumir la gente está ahogada con las hipotecas".

"Si no actuamos podemos encontrarnos fácilmente con una década perdida, como ya ocurrió en Japón en los años noventa, ya llevamos cuatro años y no hay señales de que nos estemos tomando las cosas en serio", advirtió a Efe este profesor, quien reiteró que las medidas monetarias "no son suficientes".

La quiebra del gigante de los servicios financieros contribuyó a precipitar la caída del Partido Republicano en la elecciones presidenciales y legislativas de noviembre de 2008 en EE.UU..

Ahora, cuatro años más tarde, la economía sigue siendo la mayor preocupación de los estadounidenses y vuelve a ser clave en la campaña electoral para las presidenciales de noviembre, una nueva cita con las urnas para dar continuidad a la presidencia de Barack Obama o ceder el mando al republicano Mitt Romney.

Hace cuatro años el Dow Jones de Industriales rondaba los 11.400 puntos y, después de la quiebra de Lehman aquel fatídico 15 de septiembre de 2008, llegó a precipitarse hasta las 6.600 unidades seis meses más tarde. En la actualidad, la referencia del parqué neoyorquino supera con comodidad los 13.500 puntos.

El derrumbe de Lehman Brothers precipitó la caída en picado del sistema financiero estadounidense y se convirtió en el símbolo de una crisis cuyas consecuencias siguen sintiéndose hoy en la economía mundial, que vino propiciada en gran medida por el abuso de las hipotecas de alto riesgo.

La Casa Blanca y la Reserva Federal decidieron entonces no acudir al rescate del emblemático banco, entidad con 158 años de historia a sus espaldas, pese a que sí habían intervenido antes para evitar la caída de otros grandes colapsos como el banco de inversión Bear Sterns o las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac.

Tras esa negativa de Washington de rescatar con dinero público a Lehman, los ejecutivos de las mayores entidades financieras de EE.UU. se reunieron durante un largo fin de semana con los responsables de la Fed para intentar que alguna de ellas se hiciera con el banco, pero ninguno aceptó el reto.

Así, el coloso de Wall Street no tuvo más remedio que declararse en quiebra, lo que arrastró consigo a otros de los grandes bancos de inversión de EE.UU., como Goldman Sachs y Morgan Stanley, que finalmente tuvieron que transformarse en entidades comerciales para poder sobrevivir a la tormenta que generó la caída de Lehman.