La crisis humana persiste en Mali por las secuelas del conflicto armado que llevó a la partición de facto del país, donde el norte se encuentra bajo control de grupos radicales islamistas, sostuvo hoy el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

La población sufre, adicionalmente, las consecuencias de una sequía que diezmó sus cultivos.

El norte maliense -dos terceras partes del territorio- se encuentra en manos de grupos armados islamistas, entre los cuales el más radical es el Movimiento por la Unicidad del Yihad en África del Oeste (MUYAO), que controla la región de Gao y aplica una drástica versión de la ley coránica ("sharia") con amputaciones de miembros a los supuestos delincuentes.

El CICR confirmó hoy que el país sigue partido en dos y que las fuerzas gubernamentales no pueden entrar al norte, donde es la mayor organización humanitaria presente y apoya a más de medio millón de personas -un cuarto de la población- que requieren ayuda urgente.

La directora de Operaciones del CICR para África del Norte y del Oeste, Yasmin Praz, explicó hoy en Ginebra que en el norte de Mali los servicios públicos han dejado de funcionar de manera casi total, la población no recibe atención médica y el sistema de distribución de agua está a punto de colapsar.

La organización humanitaria ha repartido asistencia a 160.000 personas y ahora tiene previsto hacerlo en favor de 360.000 más en el norte, así como a otras 60.000 que se han desplazado a la zona central del país, controlada por el Gobierno de Bamako.

El nivel de las necesidades en Mali han convertido la operación del CICR en este país en la cuarta más importante del mundo en términos de presupuesto.

Praz dijo en una rueda de prensa que por esta razón la organización está pidiendo a sus donantes fondos suplementarios por 20 millones de euros, con lo que el presupuesto total de 2012 para Mali llegaría a los 48 millones de euros.

Sobre el acceso de los cooperantes a las zonas bajo control de los islamistas, Praz sostuvo que el CICR tiene presencia en Mali desde hace varios años, durante los cuales ha mantenido contacto con los distintos grupos que actúan en la zona y que le han permitido "comprender las dinámicas" del lugar.

Eso explica -aseguró- que los colaboradores de la entidad puedan trabajar en el norte, donde ni siquiera la ONU está presente.

Sobre la situación de seguridad, la representante del CICR dijo que el pico de violencia que se alcanzó entre febrero y marzo pasado -con cientos de miles de refugiados y desplazados internos- ha remitido, aunque hay enfrentamientos esporádicos en áreas urbanas que no permiten el retorno de los desplazados.