Una turba enfurecida por una película que ridiculiza al profeta Mahoma mató al embajador de Estados Unidos en Libia y a otros tres estadounidenses en un intenso ataque al consulado norteamericano en la ciudad de Bengasi.

El presidente Barack Obama condenó enérgicamente la violencia y prometió el miércoles llevar a los asesinos ante la justicia, así como reforzar la seguridad de las misiones diplomáticas estadounidenses en el mundo.

La agresión que mató al embajador Chris Stevens — el primer diplomático estadounidense que fallece en el cumplimiento del deber desde 1979 — se produjo el martes en el undécimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, y constituye una nueva crisis para la política exterior de Estados Unidos en una región que intenta recuperarse tras meses de agitación.

El presidente interino de Libia, Mohamed el-Megarif, se disculpó por lo que llamó el "cobarde" asalto al consulado, en el que también murieron varios guardias de seguridad libios en la ciudad oriental.

La violencia también estalló en Egipto, donde las multitudes que protestaban por la película en la embajada estadounidense en El Cairo treparon sus muros y despedazaron una bandera de Estados Unidos, que reemplazaron brevemente con una bandera islamista de color negro.

Las protestas se desencadenaron por una película poco conocida hecha en Estados Unidos por un director de cine que califica al islam como un "cáncer". Extractos de video publicados en YouTube ridiculizan abiertamente al profeta Mahoma y lo muestran como un fraude, un mujeriego y un loco; lo presentan teniendo relaciones sexuales e instando a cometer masacres.

Stevens, de 52 años, murió cuando él y un grupo de empleados de la embajada fueron al consulado para tratar de evacuar a su personal, mientras cientos de personas atacaban con ametralladoras y lanzagranadas. Para el final de la agresión, gran parte del edificio estaba quemado y destrozado.

El médico Ziad Abu Zeid, que atendió a Stevens, dijo a The Associated Press que murió por asfixia, al parecer a causa del humo. En una muestra del caos durante el ataque, el diplomático fue llevado por libios al Centro Médico Bengasi, sin otros estadounidenses, y nadie en el lugar sabía de quién se trataba, dijo Abu Zeid.

Stevens estaba prácticamente muerto cuando llegó antes de la 1 de la madrugada del miércoles, e "intentamos reanimarlo durante una hora y media, pero sin éxito", dijo Abu Zeid. El embajador sangraba en el estómago a causa de la asfixia, pero no tenía otras lesiones, dijo.

El Departamento de Estado identificó a uno de los otros estadounidenses muertos como Sean Smith, un funcionario del servicio exterior. Las identidades de los otros eran retenidas a la espera de la notificación de los familiares.

"Condeno enérgicamente el atroz ataque a nuestras instalaciones diplomáticas en Bengasi", dijo Obama en Washington, y agregó que los cuatro estadounidenses "ejemplifican el compromiso de Estados Unidos con la libertad, la justicia y la asociación con las naciones y los pueblos de todo el mundo".

El mandatario ordenó una mayor seguridad para proteger al personal diplomático estadounidense en todo el planeta.

"No se equivoquen, vamos a trabajar con el gobierno libio para llevar ante la justicia a los asesinos que atacaron a nuestra gente", dijo.

Obama agregó: "Rechazamos todos los intentos de denigrar las creencias religiosas de los demás, pero no hay absolutamente ninguna justificación para este tipo de violencia sin sentido, ninguna".

El-Megarif ofreció sus condolencias a Estados Unidos y también se comprometió a llevar a los culpables ante la justicia y mantener las estrechas relaciones de su país con Washington.

"Extendemos nuestras disculpas a Estados Unidos, al pueblo estadounidense y al mundo entero", dijo el-Megarif.

El Vaticano, por su parte, subrayó tras las muertes los intentos del papa Benedicto XVI por establecer un diálogo entre las religiones. El portavoz del Vaticano, el reverendo Federico Lombardi, emitió un comunicado en el que dijo que "las ofensas y provocaciones injustificadas" contra los musulmanes a veces tienen "resultados trágicos" que "alimentan la tensión y el odio" y desatan "una violencia inaceptable".

Los ataques en Bengasi y El Cairo — los primeros contra instalaciones diplomáticas estadounidenses en Libia y Egipto — son señales de la anarquía que se ha apoderado de ambos países después de las revoluciones que derrocaron a sus seculares regímenes autocráticos y trastocaron el estado policial que imperaba.

Los islamistas, que fueron reprimidos durante mucho tiempo bajo los regímenes anteriores, se han convertido en una fuerza poderosa y constituyeron el grueso de los manifestantes en ambos países. Por otra parte, la seguridad en las dos naciones se ha deteriorado.

El escándalo sobre la película plantea una nueva prueba para el presidente islamista de Egipto, Mohamed Morsi, quien aún no condena los disturbios frente a la embajada estadounidense en El Cairo ni ha dicho nada sobre la película.

En Libia, el control del gobierno central es débil, las armas están en todas partes y las milicias son omnipresentes.

El consulado en Bengasi, la segunda ciudad de Libia, es una villa de una sola planta en un gran jardín situado en un barrio de lujo. Al final del ataque del martes por la noche, gran parte del edificio quedó teñido de negro y humeante.

La violencia ha despertado temores de que nuevas protestas pudieran estallar en el mundo musulmán a medida que se propaguen las noticias sobre la película contra el islam.

El filme que ridiculiza al profeta Mahoma fue producido por un cineasta israelí residente en California y promovido por una campaña extremista antimusulmana en Estados Unidos. Escenas de la película dobladas al árabe fueron cargadas en YouTube.

Stevens era un diplomático de carrera que hablaba árabe y francés y había cumplido dos períodos diplomáticos en Libia, e incluso dirigió la oficina de Bengasi durante la revuelta contra Moamar Gadafi. El Senado lo había confirmado como embajador este año.

Antes del martes, cinco embajadores estadounidenses habían muerto en el cumplimiento del deber, según la oficina del historiador del Departamento de Estado. El último había sido Adolph Dubs en Afganistán en 1979.

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Michael reportó desde El Cairo. Los periodistas de Associated Press Matthew Lee en Washington y Joseph Federman en Jerusalén contribuyeron a este despacho.