El Gobierno chino mantiene hoy el silencio sobre el paradero del vicepresidente, Xi Jinping, el hombre del que se espera que lidere el país en la próxima década y sobre quien se han disparado los rumores tras once días de ausencia pública.

En su rueda de prensa diaria, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Hong Lei, respondió hoy a las numerosas preguntas sobre el presidente con un sucinto "no tengo información que proporcionar".

Xi no ha comparecido en público desde el pasado día 1, cuando pronunció un discurso en la Escuela Central del Partido Comunista de China.

La semana pasada canceló una reunión con la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, sin que ofrecieran una razón clara las autoridades chinas, quienes se limitaran a aludir a "un ajuste normal de calendario".

Desde entonces, también han sido suspendidas sus reuniones previstas con el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, una delegación rusa y -este lunes- con la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt.

Ello ha desatado las conjeturas entre los medios extranjeros y en las redes sociales chinas -pese a la censura que rodea cualquier término relacionado con el vicepresidente- acerca del estado de salud del vicepresidente. Las teorías abarcan desde un dolor de espalda hasta un posible problema cardíaco.

La desaparición de Xi de la vida pública ha causado más alarma por cuanto se produce apenas semanas antes de que dé comienzo un proceso de transición en el poder en China en el que se espera que él asuma el liderazgo del país.

Aunque no se ha convocado oficialmente aún, se espera que en octubre se celebrará el XVIII Congreso del PCCh, en el que Xi tomará el relevo de Hu Jintao al frente del Partido para los próximos diez años. En abril le sustituiría como jefe de Estado chino.

El proceso de transición ya se ha visto empañado este año por el escándalo en torno a Bo Xilai, el otrora todopoderoso secretario general del PCCh en la ciudad de Chongqing, Bo Xilai, destituido el pasado marzo.

Su esposa, Gu Kailai, fue declarada culpable en agosto del asesinato en noviembre del año pasado del empresario británico Neil Heywood, un antiguo amigo de la familia con quien había mantenido disputas económicas.

Gu recibió una condena a muerte aplazada, lo que en la práctica evita su ejecución.