El presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, presenta hoy en su tradicional discurso del estado de la Unión las líneas maestras de su plan anticrisis y la esperada propuesta comunitaria para la creación de un supervisor bancario único en la eurozona.

El discurso de Barroso ante el pleno del Parlamento Europeo, al que seguirá un debate con los eurodiputados, se celebra el mismo día en el la UE se juega parte de su futuro en Alemania, donde su Tribunal Constitucional decidirá sobre la legalidad del fondo europeo de rescate permanente y el pacto fiscal, y en Holanda, donde se celebran unas elecciones que van a dejar fragmentado el panorama político nacional y atraer muchos votos euroescépticos.

El plan de Barroso se basará en la nueva arquitectura de la Unión Económica y Monetaria en la que se vislumbra una unión bancaria, económica y política y en la que los jefes de Estado y de Gobierno trabajarán en la próxima cumbre europea de mediados de octubre.

El primer paso para crear una unión bancaria se dará mañana con la presentación de la propuesta para encomendar al Banco Central Europeo (BCE) la supervisión de toda la banca en la eurozona.

El BCE tendrá la última palabra a la hora de tomar decisiones para velar por la estabilidad financiera, pero los organismos reguladores nacionales se encargarán de la vigilancia diaria.

En una primera fase serán controlados los bancos que hayan recibido o pedido ayudas públicas, mientras que a partir del primero de julio lo serán los de carácter sistémico y, comenzando el uno de enero de 2014, todas las 6.000 entidades de la zona del euro.

Los Estados miembros de fuera del euro podrán participar en el mecanismo si lo desean.

Según el borrador filtrado a la prensa, el BCE podrá autorizar y retirar licencias bancarias, tras una propuesta de la autoridad reguladora nacional competente, "evaluar" la adquisición y venta de participaciones significativas en bancos, efectuar pruebas de resistencia, exigir ciertos niveles de capital, suficientes activos líquidos, colchones de capital y limitar las exposiciones a riesgos.

También podrá limitar el apalancamiento, pedir información a las entidades, llevar a cabo investigaciones, efectuar inspecciones "in situ" e imponer sanciones económicas en caso de incumplimiento que pueden ser el doble de las ganancias obtenidos o pérdidas evitadas por la violación o hasta el 10 % de la facturación anual.

El BCE tendrá poderes de intervención temprana para bancos en riesgo, pero hasta que se haya creado un ente europeo de liquidación coordinará cierres con las autoridades nacionales.

Los reguladores nacionales por su parte mantendrán la responsabilidad de supervisar áreas no relacionadas con la estabilidad financiera, como los permiso de establecimiento de un banco, la prestación de servicios, la protección del consumidor, vigilar entidades de países terceros con filiales en el país o que ofrecen servicios transfronterizos en la UE, los servicios de pago, los instrumentos financieros, entre otras tareas.