Alivio. Andy Murray no estaba para las eufóricas celebraciones que se ven en los Grand Slams, esas de jugadores que se derrumban llorando en la cancha o brincan sobre las tribunas para abrazarse con un ser querido.

Murray se acaba de quitar un enorme de peso encima, amén de haber quedado fundido físicamente tras un partido al límite frente a Novak Djokovic.

La losa que cargaba era una larga espera 76 años sin un tenista varón británico ganase un título de Grand Slam. También los cuatro intentos fallidos previos en finales, que al amontonarse generaban una insoportable olla de presión.

Fue simple lo de Murray al conquistar el Abierto de Estados Unidos: soltó su raqueta, se cubrió la boca con las manos y al sentarse en su silla al costado se quitó las zapatillas mientras reflexionaba al fijar su mirada hacia el cielo.

"Es un momento en el que no estás triste", contó Murray. "Estás increíblemente contento. Estaba algo incrédulo porque había estado tantas veces en esa circunstancias y sin poder ganar, lo cual te hace pensar si alguna vez se haría realidad".

Este escocés de 25 años ya puede respirar tranquilo. Tras tantas vueltas, Murray se había graduado como campeón de Grand Slam con una dramática y emotiva victoria 7-6 (10), 7-5, 2-6, 3-6, 6-2 sobre Novak Djokovic, el serbio que defendía el título y rival suyo desde que tenían 11 años.

Todo este tiempo se hablaba de un grupo de cuatro grandes en el tenis masculino, conformado por Roger Federer, Rafael Nadal y Djokovic y Murray.

Pero la falta del cetro en una de las cuatro grandes citas mantenía a Murray en una categoría inferior, pese a un palmarés con una medalla olímpica de oro conquistada este año y ocho títulos en torneos de la Serie Masters.

Murray surgió a la par de Nadal y Djokovic, así que uno puede imaginarse lo duro que significaba ver que esos colegas de generación coleccionaran títulos de Grand Slam al por mayor. El español Nadal con 11 y el serbio Djokovic con cinco.

"Alivio es la mejor palabra que puedo usar para describir lo que siento ahora", afirmó Murray tras una coronación en Flushing Meadows que le permite en absoluta propiedad entrar al club de los cuatro mosqueteros.

Su triunfo, además, ofrece otras aristas para desmenuzar.

— 1. Dejen de burlarse, los británicos pueden ganar en el tenis.

Desde que Fred Perry ganó Wimbledon y el Campeonato de Estados Unidos (precursor del US Open) en 1936, los varones británicos se convirtieron en hazmerreír por sus reiterados fracasos.

La peor de las pesadillas estuvo cerca la noche del lunes, cuando Djokovic logró remontar un 0-2 en contra y forzar un quinto set. La expectativa era que Murray se derrumbaría ante el momento. Por el contrario, se creció y cerró la puerta con temple.

Murray confesó que cuando salió a sacar en el último game frente a Djokovic, al frente 5-2, se puso a pensar sobre la envergadura que lo que estaba por lograr iba a marcar en la historia del tenis británico.

"Fue grandioso el finalmente haberlo conseguido ... espero que esto sirva de inspiración para que los niños jueguen al tenis y que también acabe con esa noción de los que tenistas británicos flaquean, no ganan o que no es un buen deporte", afirmó.

— 2. ¿Es británico o escocés?

Aunque parezca absurdo esta es una realidad que Murray ha tenido que lidiar desde siempre, objeto de ironía. Se dice que cuando gana es británico y cuando pierde es escocés.

Existe una página de Internet — http://andymurrayometer.com — que se decida a calibrar el grado de "británico" de Murray. Alcanzó un "pico histórico" de 99% tras ganar en Nueva York.

Murray ha demostrado que no tiene complejos con sus orígenes. Se siente orgullosamente escocés, pero habla de "tenis británico".

— 3. No se equivocó al contratar a Ivan Lendl como entrenador.

Desde el inicio de la era abierta en 1968, solamente dos hombres habían perdido en sus cuatro primeras finales de Grand Slam. Murray perdió tres veces ante Federer y en una ante Djokovic. El otro con un 0-4 fue Lendl.

El fichaje de Lendl, concretado en enero pasado, provocó sus dudas. El checo nacionalizado estadounidense no tenía experiencia como entrenador y más que nada se había concentrado en seguir las carreras en el golf de tres de sus cinco hijas.

"No hay duda alguna que me ayudó", dijo Murray, quien aprendió ser más agresivo bajo la dirección de Lendl. "...estoy seguro que su ego se disparó un poco tras hacerlo en tan solo nueve meses".

Ahora resta por ver si Murray sigue la trayectoria de Lendl, quien irrumpió en la columna ganadora al ganar el Roland Garros de 1984 y terminó conquistando ocho más. Otro dato: Lendl ganó su primer título al vencer a John McEnroe; lo hizo en cinco sets tras perder los dos primeros sets.

— 4. Este ha sido el año más equitativo en el circuito desde 2003.

Por primera vez en casi una década, cuatro jugadores distintos han ganado un Slam. Djokovic empezó el año en el acrílico "plexicushion" de Australia, Nadal prosiguió en la arcilla de Roland Garros y luego Federer en el césped de Wimbledon. Murray dice que el US Open es su torneo favorito, así que esencialmente los cuatro grandes tuvieron sus satisfacciones en sus jardineros predilectos.

Con un oro olímpico, Murray terciaría a su favor en la discusión sobre el mejor del año. Pero avala ese argumento: "Diría que Novak o Roger son los mejores del año, pero aún quedan varios meses".