¿Dónde está el próximo presidente chino, Xi Jinping?

¿Se está recuperando de una lesión en la espalda después de sufrir un tirón muscular durante un juego de fútbol (o tal vez mientras nadaba)?

¿Estará convaleciente después de escapar por poco de un intento de asesinato por parte de los partidarios del depuesto jefe del Partido Comunista local, Bo Xilai? ¿Se lesionó en un accidente automovilístico? ¿O simplemente está muy ocupado, preparándose para dirigir el la segunda economía más grande del mundo antes de una esperada transición del poder el mes que viene?

Redes sociales y sitios web, tanto en China como en el extranjero, han tocado todo tipo de conjeturas sobre por qué el actual vicepresidente ha estado alejado de los reflectores durante más de una semana.

Durante ese lapso, Xi canceló reuniones programadas con dignatarios extranjeros, entre ellos la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Rodham Clinton, y el primer ministro de Singapur, Li Hsien Loong. El lunes fue el turno del primer ministro de Dinamarca.

Posiblemente nunca se conozca el paradero de Xi durante esta ausencia repentina de la atención pública. Una cosa es cierta, sin embargo: China puede ser ahora una pieza clave de la economía global y una fuerza importante en la diplomacia internacional, pero las vidas de sus líderes siguen siendo un misterio absoluto para sus 1.300 millones de personas, y su política es un agujero negro insondable.

Así que cuando el presunto sucesor del presidente chino desaparece de la vista pública, parece natural que se desate un frenesí de rumores.

"Es una práctica de larga data la de no informar sobre enfermedades o problemas dentro de las elites", dijo Scott Kennedy, director del Centro de Investigación de la Política y los Negocios en China, con sede en Beijing y que depende de la Universidad de Indiana. "La sensación es que dar esa información sólo alimentaría más conjeturas", agregó.