El ulular de las sirenas de las motobombas alarma a los quiteños cada vez que se deja escuchar y anuncia el inicio de un nuevo incendio forestal.

Unas 1.154 hectáreas quemadas en más de 2.000 flagelos en las zonas boscosas urbanas y rurales son parte, hasta el momento, de las estadísticas de esta capital declarada en emergencia.

"No hemos tenido ni una víctima hasta ahora", aunque unos 23 bomberos han resultados heridos durante las tareas de sofocamiento, declaró el domingo el Alcalde de Quito, Augusto Barrera.

La cifra de devastación supera en un 200% a la provocada en 2009, año en el que se produjeron la mayor cantidad de flagelos forestales en Quito, según cifras oficiales.

La cantidad inusual de incendios resulta sospechosa por lo que incluso se realizan "trabajos de inteligencia" policial, dijo Barrera.

Factores que contribuyen a la propagación del fuego son los fuertes vientos de uno de los veranos más extensos e intensos en la nación andina, a ello se suma el sol y la radiación, "pero en todos los casos los incendios son provocados", señaló.

La acción humana en zonas boscosas, donde los habitantes acostumbran a quemar basura, puede resultar fatal. No se descartan actos delictivos.

El alcalde recordó que provocar un incendio con daños a terceros constituye un delito penado con cárcel de cinco a siete años. Una línea telefónica se ha implementado para denuncias.

Han transcurrido tres días desde que el Alcalde declaró la emergencia en la ciudad, con el fin de disponer de mayores recursos para enfrentar el fenómeno, y en este lapso han ocurrido más de una veintena de flagelos por día.

César Enríquez, del Cuerpo de Bomberos de Quito, dijo a The Associated Press mientras trabajaba en uno de los flagelos ocurridos el domingo en la capital que "son varios incendios, de varias condiciones, la mayoría de dificultades extremas por la geografía que tiene la ciudad", rodeada por pendientes con inclinaciones de entre 80 y 90 grados, lo que complica el trabajo de los socorristas, comentó.

La emergencia permitió movilizar a unos 150 policías y militares que colaboran con los bomberos para sofocar los incendios que se producen al mismo tiempo y en varios puntos de la urbe. También unos 450 bomberos de otras localidades aledañas a Quito han tenido que movilizarse para colaborar con la contingencia. La situación rebasó la capacidad del organismo de socorro que cuenta con 210 uniformados, añadió.

Por ahora solo queda "enfrentar la emergencia", luego vendrá una campaña intensa de reforestación, dijo el Alcalde, cuando la lluvia y el invierno decidan aparecer para socorrer a la ciudad también llamada "carita de Dios".