Un templo de muros de piedra construido hace 3.000 años por los antiguos tiwanakotas como observatorio del cosmos fue el escenario de la del vicepresidente boliviano Alvaro García y la periodista Claudia Fernández.

García, de 49 años, y Fernández, de 25, se casaron el sábado por un rito ancestral a la Pachamama (Madre Tierra) en Tiwanaku, a 71 kilómetros al oeste de La Paz, un sitio sagrado para los aymaras.

La ceremonia tuvo un aire místico y tradicional con ofrendas e invocaciones a ancestrales dioses andinos, pero también un toque modernista como el traje de la novia, un vestido blanco largo, diseñado por un modisto francés, además de los arreglos florales. Dos cadenas de la televisión local transmitieron la ceremonia.

El presidente Evo Morales, los premios Nobel Rigoberta Menchú y Adolfo Pérez Esquivel; ministros, embajadores y autoridades originarias aymaras fueron los principales invitados entre dos centenares de asistentes que alteraron la bucólica vida de Tiwanaku, una aldea a 3.840 metros de altitud rodeada por extensos campos resecos y amarillentos en el altiplano boliviano cerca del Lago Titicaca.

En ese mismo sitio de milenarios monumentos de piedra, Morales fue investido simbólicamente en enero de 2006 antes de asumir la presidencia, en un rito que pareció evocar la entronización de un soberano inca.

Una pareja de amautas (chamanes) roció con humo e incienso a los novios para purificarlos, atizó en una hoguera diversas ofrendas en honor a la Pachamama y los achachilas (dioses andinos) para pedir por buenos augurios y reflexionó a los recién casados sobre la vida en matrimonio y la complementariedad hombre-mujer, principio básico en la cultura aymara.

Tras el rito Garcia y Fernández caminaron por las construcciones arqueológicas de los tiwanakotas y pasearon en una pequeña laguna a bordo de una balsa de juncos antes de compartir con sus invitados una comida servida en platos de barro.

García no es de origen indígena como Morales. Es un intelectual de clase media, ex guerrillero marxista e ideólogo del gobierno. Fernández tiene el mismo origen. El domingo contraerán nupcias en un templo católico.

Morales rescató las tradiciones culturales andinas desde que llegó al gobierno, introdujo los rituales al palacio presidencial y otorgó al culto a la Pachamama una categoría casi similar al catolicismo la fe mayoritaria de los bolivianos.

Desde entonces las ofrendas a la Pachamama se han vuelto populares incluso en la clase media. El gobernante, que es católico, utiliza con frecuencia esa simbología para fortalecer su cercanía con los indígenas, pero es muy raro que parejas bolivianas, incluso de origen indígena, se casen con ritos andinos, lo hacen generalmente en un templo católico.

Hay quienes creen que la ceremonia del sábado es parte de un calculo político destinado a reforzar el discurso indigenista del gobierno venido a menos por un divorcio cada más acentuado entre el mandatario que proviene de una etnia andina con pueblos indígenas del oriente del país que se sienten marginados.

"Esta ceremonia (boda) tiene un fin instrumental, es una manipulación de la cultura andina para aparentar que el gobierno de Morales mantiene cercanía con el mundo indígena", comentó a la AP el ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas, también de origen aymara.

Ultimamente políticas más pragmáticas han distanciado a Morales con pueblos de tierras bajas, aunque mantiene lealtad de quechuas y aymaras, las etnias mayoritarias que habitan la zona andina del país.

Irónicamente una carretera que el mandatario proyecta construir por medio de una rica reserva natural en las nacientes de la amazonia ha provocado la ruptura. Los pueblos del oriente reclaman a Morales fidelidad a su discurso ecologista de respeto a la Pachamama.