Dos vehículos con explosivos estallaron el viernes en Damasco, el otrora inexpugnable bastión del régimen del presidente sirio Bashar Assad, donde provocaron la muerte de cinco policías.

Los atentados, incluido uno frente a una mezquita que mató a los agentes, fueron cometidos mientras las fuerzas gubernamentales y los rebeldes se enfrentaban en vecindarios del sur de Damasco.

En Ginebra, el nuevo presidente de la Cruz Roja, Peter Maurer, dijo el viernes que sostuvo esta semana conversaciones "positivas" con Assad para que permita el acceso a detenidos y la entrega de ayuda que necesitan con urgencia cientos de miles de personas.

El éxodo de sirios que huyen de la violencia — sea para buscar refugio en otros lugares de Siria o en países vecinos — se ha acelerado drásticamente en los últimos meses conforme el conflicto se torna más brutal en el país.

Maurer indicó que sus conversaciones con Assad fueron "formales, al grano" y "evidentemente centradas en las necesidades humanitarias" como la autorización para la entrega de comida, medicinas y otras provisiones a cientos de miles de personas.

El directivo dijo que también visitó zonas rurales en los alrededores de Damasco, donde escuchó "relatos horrendos de ataques armados" que lo dejaron estupefacto.

La agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, la ACNUR, ha dicho que refuerza sus operaciones de emergencia para 200.000 personas en Siria. También afirma que asiste a más de 200.000 refugiados en países vecinos.

La revuelta contra Assad comenzó en marzo del año pasado, cuando numerosas personas se manifestaron para pedir cambios políticos pero fueron reprimidas por el gobierno. Entonces muchos opositores tomaron las armas y el conflicto derivó en una guerra civil que, según los activistas, ha dejado más de 23.000 muertos. El gobierno dice que hay 4.000 efectivos entre los fallecidos.

Damasco estuvo en relativa calma durante el conflicto hasta julio, cuando los rebeldes capturaron varios vecindarios. El gobierno recuperó la mayoría, pero continúan los enfrentamientos en algunos.

La primera bomba estalló el viernes frente a una mezquita en el vecindario norteño de Rukneddine. Según funcionarios, los explosivos fueron colocados en una motocicleta.

La televisión estatal informó que murieron los cinco policías, aunque algunos agentes en el lugar afirmaron que eran seis. Los funcionarios hablaron a condición de guardar el anonimato por carecer de autorización para hablar con la prensa.

Esa explosión dañó seis vehículos y una clínica. Había rastros de sangre en la clínica y en la calle, dijo un periodista de The Associated Press en el lugar.

Unas dos horas después, un coche bomba explotó en el exclusivo vecindario de Mazzeh entre los edificios de los ministerios de Información y de Justicia, que distan unos 100 metros (110 yardas), informó la televisión estatal. La bomba no causó víctimas pero dañó varios vehículos. El viernes es fin de semana en Siria y las instituciones suelen estar cerradas.

Los ataques fueron perpetrados cinco días después de que dos bombas explotaron cerca de las instalaciones de estado mayor de las fuerzas armadas de Siria y lesionaron levemente a cuatro militares.

La tropa gubernamental se enfrentó con rebeldes en vecindarios sureños de Damasco, como Kazas, donde hay varias oficinas de las agencias de seguridad, dijeron activistas. No hubo reportes inmediatos de bajas en Kazas, pero al menos cuatro soldados murieron en tiroteos con insurgentes en el distrito de Tadamon, informaron el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos y los Comités Locales de Coordinación.

Al menos 60 personas murieron el viernes por la violencia en varias partes del país, de las ciudades de Idlib y Alepo en el norte a Deir el-Zur en el oriente, pasando por Hama y Homs en el centro y Dara en el sur, dijeron esas dos organizaciones.